Joaquín Hernández, actor: “En mis doce años de carrera de teatro amateur, jamás interpreté a un personaje histórico”

Joaquín Hernández representando a Meléndez saliendo a escena / Foto Verónica Conejo

Ya va quedando atrás la representación teatral 'Batilo. El poeta de las luces' estrenada el pasado 18 de noviembre, una obra que forma parte de un programa de actividades para poner en relieve la vida y obra de su hijo más ilustre, el poeta, político y jurista, Juan Meléndez Valdés, una figura que ha estado encarnada por el actor villafranqués Joaquín Hernández Morales, miembro de la compañía Espacio 13 que se fundara en octubre de 2010.

Para este amante de la literatura, de la música, del teatro y del cine, el arte de la escenografía ha estado siempre ligado a él. Aún recuerda de muy niño verse vestido de pastorcillo con aquellos vagos dotes de interpretación. Aunque su incursión en el mundo teatral llegaría más tarde de la mano del director y malagueño Ángel Baena, recibiendo formación montarían una compañía en la que coincidiría con el actual director y dramaturgo Francisco Blanco, “quien nos ha dirigido en ‘Batilo. El poeta de las luces’ y alguien más, sería que yo recuerde mi primera toma de contacto seria, luego ya, con Espacio 13, de eso hará 12 ó 13 años, empezamos hacer montajes y hasta la fecha de hoy.

Confiesa tener una atracción hacia el teatro que le da una visión diferente a una historia que está ocurriendo que de otra forma no podría hacer, encarnar a multitud de personajes, y de como haciendo una misma obra con diferente público, a veces ha sentido no estar a la altura que le ha pedido el director, “pero sí, me considero un friki del teatro”. A la vez que se considera una persona tímida y haciendo personajes me da disfrute, ¿cuando yo me imaginaría que iba a hacer de Meléndez en Ribera?, ¡¡en la vida!!, ¿y fusilarme? a punto he estado”, sonríe.

Se adentra en los inicios de lo que ha sido la obra de Meléndez y nos descubre que él ya conocía por su director del proyecto que iniciaba en Ribera del Fresno, “pero claro, un día me llamó Francisco por teléfono, ‘quiero proponerte algo’ a las 13 horas me entregó el texto diciéndome, “quiero que hagas esto, no hay nadie que se preste a hacer de Meléndez Valdés en Ribera”, rápidamente yo le respondí, ‘joder, debería hacerlo una persona de Ribera y estar orgulloso de ello’. Y a las 18 horas ya estaba yo en los ensayos en Ribera con el texto aprendido del primer acto. Llegó de esa manera curiosa, nunca quise ser un intruso, desde que conocí este proyecto yo quería haber ido de espectador y disfrutar la obra desde la butaca” apunta Hernández.

Para este villafranqués ha sido una experiencia fantástica, a la que no le gusta llamarle Teatro Popular. Se trata de un montaje de una obra estructurada, “al ofrecerme esta obra he descubierto un tipo fantástico, a un personaje que lo revolucionó todo y le tocó ser el perdedor, lo acusan de afrancesado y ocupa puestos de Estado y que intentan matar, injustamente maltratado, Ribera tiene una deuda pendiente con Meléndez Valdés y a través de este proyecto ha empezado a pagarle conociendo más a fondo a su paisano.

Importante también para éste apasionado del teatro cuando se detiene en hablar de la que fue su mujer, María Andrea de Coca y que ha interpretado la ribereña María Campillejo: “Teniendo en cuenta que la sociedad patriarcal de aquella época la lideraba el género masculino, tiene un valor inmenso que su esposa María Andrea se enfrentase a todo lo establecido hasta entonces y fuese valiente recuperando el cuerpo de su marido para que descansase en su país”.

Para ediciones futuras Joaquín declara que él sería feliz si algún ribereño encarnase a su paisano Meléndez Valdés, y lo alienta a que haga su personaje, estaría encantado. Como también se detiene en que la escena con Gema Rángel, bailarina de ballet es de una belleza y elegancia que es una delicia para la vista, “como las luces de Javi, inmenso’’, escena bonita donde el papel pedía que debía ser un rechazo, miedo, una pesadilla para Meléndez, “pero esa mezcla de Abel ‘El Surko’ tan bien estructurada, hecha música, la letra que hace un resumen de todo lo que es la obra contemporánea, mezcla del S.XVIII… si yo estuve a la altura de la obra no lo sé, “me estaba recordando todo lo que había sido mi vida y aluciné con tanta elegancia, unión de que cuando se quiere y se tiene visión de lo que se quiere conseguir se une el XVIII y el XXI y se hace magia” apunta Joaquín.

Juan Carlos y Kaito me parecieron un punto de luz, muy bien puestos allí, le daba un giro a la historia, cortito, se podía haber prolongado un poco más, todos muy bien, el herrero tenía su aquel y golpes marcados, el diseño de iluminación de Javier Mata, quien lleva desde el inicio del Espacio 13 y los resultados, son realmente que el público es soberano. Como dice Francisco, disfrutad de lo que os digan, el trabajo es vuestro, disfrutad de este momento, no somos conscientes del resultado que hemos tenido”, finaliza.

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