En memoria de Santiago Zapata

El pasado 14 de noviembre fallecía en Badajoz Santiago Zapata Blanco, como consecuencia de una súbita enfermedad.Nacido en los Santos de Maimona en 1948, Santiago era un académico de vocación inequívoca, fuertemente comprometido con la enseñanza y la Universidad, en la más honda acepción de la palabra. La semblanza de Santiago será siempre la de un PROFESOR, con mayúsculas. Pasó por casi todas las categorías docentes, primero en la Universidad Complutense y después en la UEx, donde llegó como Profesor Titular en 1987 y tomó posesión como Catedrático de Universidad en 1999.

 

Fue director del departamento  de Economía Aplicada y Organización de Empresas en dos ocasiones y vicedecano de asuntos académicos de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Hace apenas un año había recibido el prestigioso Premio Docentia, concedido por la Asociación Española de Historia Económica. Con el paso de los años muchos buenos profesores llevarán su nombre grabado en sus currículos, porque desde ayer este galardón ha pasado a denominarse Premio “Docentia Santiago Zapata”.
Su jubilación anticipada parecía en él un acicate, más que un descanso, y en las fechas en la que le sorprendió la enfermedad se encontraba inmerso en varios proyectos internacionales de investigación sobre la industria corchera. Por sus diversos trabajos de investigación y divulgación, se había convertido en una referencia obligada en el estudio de la historia económica forestal española. En la carta que nos envió a algunos amigos, explicándonos por qué se jubilaba, terminaba diciendo: “Aunque a efectos jurídicos, estaré jubilado desde el 1 de octubre de 2008, me propongo seguir mi trabajo de investigador científico a tiempo completo”.
Antes había sido activista fiel del Foro de La Roca, donde algunos tuvimos la suerte de conocerle. Santiago defendía un modelo de Universidad con auténticos objetivos, orientados a la rendición de cuentas y comprometida con los estudiantes. Sobre todo, creía en una Universidad honrada consigo misma y con la sociedad: “una institución cuyo nombre (precioso nombre) procede de la palabra Universo”.
De esa época recordaremos siempre su brillante sentido del humor, pero sobre todo la honestidad de sus ideas y sus sentimientos, en constante debate. Contra sus vehementes convicciones, su sarcasmo y su palabra rotunda, se rebelaba un hombre afectuoso, autocrítico y sinceramente abierto a escuchar. Tras su carácter apasionado, se revelaba la ternura: la serenidad de Marisa, inexorable, empapada hasta la raíz de la vida. Hasta donde la muerte no alcanza.

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