El fontanés Eugenio Baisón participa en el proyecto educativo ‘Corazones que sanan’

Del colegio sevillano ‘Malala’, premiado a nivel nacional

El proyecto educativo “Corazones que sanan” del colegio público Malala de Mairena del Aljarafe (Sevilla), ha quedado primero, en la categoría de “Donación de Sangre y Tejidos”, en los Premios Aprendizaje-Servicio (APS), organizados por la Red Española Aprendizaje-Servicio y la Fundación Edebé, con la colaboración del Ministerio de Educación y Formación Profesional (y patrocinados por DKV).

Un proyecto de aprendizaje-servicio es básicamente una manera de aprender haciendo un servicio a la comunidad. Como explican desde la organización de estos premios, “frente a una necesidad social, los jóvenes emprenden una acción de servicio a la comunidad que les ayuda a aplicar y consolidar aprendizajes en conocimientos, habilidades, actitudes, competencias, despertando su talento y poniéndolo a trabajar para el bien común”.

Así, en el colegio “Malala”, decidieron que los alumnos de 5º y 6º de Primaria organizaran un campaña de donaciones de sangre . Y fue tanto el éxito del llamamiento y activismo social que realizaron estos alumnos que la campaña duró dos días, donándose las bolsas al Centro andaluz de Donaciones de Sangre.

Como en cualquier proyecto de aprendizaje – servicio, los protagonistas fueron los alumnos. Pero sus guías fueron docentes comprometidos como Gloria Palomo que, desde un primer momento, pensó que el fontanés Eugenio Baisón Domínguez era la persona ideal para llevarlo a cabo.

“Cuando supe quién era Eugenio Baisón, ese ciudadano ejemplar que recibió esa Medalla al Mérito Civil, y supe que encima vivía en Mairena, lo tuve muy claro. Me puse en contacto con él por las redes, y desde el principio se puso a nuestra disposición”.

“Eugenio se ha ganado a los niños cada vez que ha venido al colegio, él funciona muy bien con los niños porque les habla desde su verdad, con honestidad, les habló de su historia personal, de los reveses que le ha dado la vida, de sus sentimientos y del porqué de su labor, y eso caló de forma significativa en el alumnado”.

Por su parte, Eugenio cuenta que “ha sido una experiencia maravillosa, de las más bonitas de mi vida”.

“Tenía muy claro lo que tenía que hacer con los niños, entre los que sentí mucha admiración y mucho respeto. Como entonces yo andaba en los medios de comunicación por el tema de la medalla, ellos me veían como a un héroe. Y le propuse un trato, les dije que ellos también podían convertirse en héroes si eran capaces de entender qué significa ser donante de sangre, su importancia social y humana, y si eran capaces de que los mayores de su entorno participaran en la campaña que se haría en el cole”.

“Y vaya si lo entendieron y lo consiguieron. Pero, más allá de todas las bolsas de sangre que se recogieron, lo más gratificante para mí y para los profesores implicados como Gloria y Paco es que sé perfectamente que esos niños ya son donantes potenciales, que van a ser donantes durante toda su vida, así como sus hijos, porque esto es una cadena solidaria”.

“Nadie sabe lo que he disfrutado durante el proyecto, y lo que he aprendido … Porque los niños tienen esa capacidad de escucha activa, y esa empatía y respeto que a veces no he encontrado en otros sitios supuestamente más serios. Y la de fotos que se hicieron con la medalla – se ríe - , porque eso también era parte del trato ja, ja, ja…”.

“Efectivamente, en este tipo de proyectos, en esta pedagogía por la que llevamos años apostando , no buscamos un voluntariado puntual”, comenta Gloria Palomo. “Estamos hablando de experiencias vitales en las que el alumno, además de cumplir con lo que marca el currículum escolar, se convierte en un verdadero agente de transformación social, en un agente consciente además. A mí me han llegado a decir alumnos de 5º que no imaginaban que, a su edad, eran capaces de hacer cosas tan importantes para la sociedad”.

Y es que no es la primera vez que este colegio recibe un premio a nivel nacional por proyectos de este tipo. Ni tampoco responde al azar el nombre del centro, “Malala”.

Lo cuenta Gloria así: “En el 2012, estábamos en una pequeña escuela infantil en un barrio poco conocido de Mairena, no teníamos ni rótulo. Ese año fue cuando el mundo se estremeció con la historia de Malala, la niña paquistaní tiroteada en un autobús por defender el acceso igualitario de las niñas al colegio, a la formación”.

“Trabajamos sobre su historia y decidimos hacerle un regalo. A la actividad la llamamos Una Escuela para Malala, y le hicimos llegar regalos de nuestro humilde cole a través de su fundación. Y sus valores, por los que recibió el Nobel de la Paz, son los de nuestro centro”.

El próximo 16 de diciembre se entregarán estos premios nacionales en Sevilla, y Gloria y Eugenio andan muy emocionados ya.

“Iré como sea, a rastras si hace falta – comenta este fontanés tenaz y solidario, que ha pasado recientemente por problemas de salud muy delicados -, jamás me rendiré a la hora de seguir luchando por fomentar las donaciones de sangre, es mi vida”.

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