Como decíamos ayer

Reencuentro de estudiantes del antiguo Colegio Sefáfico Franciscano 50 años después en Fuente del Maestre

Sin duda alguna este titular peca de falta de originalidad pero, por el contrario, es perfectamente aplicable al grupo de antiguos colegiales seráficos que, acompañados de sus esposas y algunos hijos y nietos, se reunieron en Fuente del Maestre el pasado día 13 de octubre para visitar su antiguo Colegio Seráfico. Hacía más de 50 años, que aquellos niños se aplicaban en sus aulas, jugaban en sus patios, rezaban en su capilla, o cantaban entre los sagrados muros de la Iglesia del centenario Convento de San Antonio. Un viaje en el tiempo, que al entrar en el que fuera salón de estudios, le llevó,  irremediablemente,  a Fray Luis de León y su conocida frase. Para el erudito humanista fueron cinco años alejados de su cátedra. Para estos “frailinos”, tras medio siglo ausentes de su aula, bien se les puede permitir usar la conocida expresión del fraile agustino.

 


Y sobre todo, porque en ese transcurrir, nunca dejaron de tener presentes a aquellos educadores franciscanos que los iniciaron  en el caminar por la vida, llevando en la alforja el humanismo cristiano, la paz y el bien del “poverello”  de Asís.

Año 1956

Fueron los anfitriones en Fuente del Maestre, el Párroco D. Fcº Javier Moreno, y de D. Teodoro Agustín López y López canónigo director de los  Archivos Eclesiásticos del Arzobispado de Mérida-Badajoz. Junto a ellos, dos de aquellos compañeros frailinos, El P. Julián González y el P. Macario Martínez, hoy en los conventos de Cáceres y El Palancar respectivamente, concelebraron una solemne Eucaristía en honor de Mª Santísima y ofrecida por las almas de los que nos dejaron.

Los reunidos en la celebración, más de setenta personas, rescataron, lo que se podía, de aquellas dulces voces de coro para los distintos momentos de la Santa Misa.

Tras  recorrer los pasos de su infancia por las calles de la Fuente, en cuya Iglesia Parroquial entonaron el himno de la Virgen de Guadalupe, finalizaron en una comida en el que fuera su antiguo refectorio y que, por cierto, se conserva en perfecto estado… “como si fuera ayer”.

Sean bienvenidas estas iniciativas que nos hacen rencontrarnos con valores educativos, que a la vista de las vidas y resultados de estos chavales, fueron muy bien aprovechados.

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