Antonio Zambrano, el rapsoda fontanés de memoria prodigiosa

Pionero de la Dermatología Pediátrica en España, y ya jubilado, ha compaginado su profesión médica con recitales poéticos por distintas partes del mundo

Antonio Zambrano es, ante todo, un hombre hecho a sí mismo. Un hijo del esfuerzo, como tantos otros fontaneses y fontanesas que tuvieron que esforzarse mucho y emigrar para conseguir ganarse la vida. Antonio “catalán”, como se le conoce popularmente en el pueblo, además se caracteriza, desde bien pequeño, por poseer una memoria de elefante. Y por un gusto por la interpretación  (“de poemas larguísimos” ) , que ya se ponía de manifiesto en las fiestas de fin de curso de aquel colegio de Los Frailes en el que estudió antes de irse a Badajoz a cursar Bachillerato.

Antonio Zambrano: “En el pueblo, todo el mundo sabe que la economía de mi familia no era precisamente boyante. Así que tuve que tirar de becas para continuar mi estudios, y sacar siempre buenas notas para no perderlas. Así, para poder hacer el Bachillerato en Badajoz, conseguí una beca de lo que entonces se llama el Patronato de Igualdad de Oportunidades. Y gracias a que obtuve buenas calificaciones, me vine a Madrid a hacer Medicina.      

Aquí, me enteré de que había becas de la Diputación, y en el último año, tuve la gran suerte de meterme en Dermatología. Una especialidad difícil,  que requería de mucha memoria, pensando que acabaría de dermatólogo en algún sitio rural, donde no abundaba precisamente mi especialidad . Y mira tú, que al acabar – y esto lo cuenta con la voz entrecortada por la emoción -, me piden que me quede: ¡ A mí, a un tío que viene de Fuente del Maestre, que me quede en la mejor Cátedra de Madrid!. Y en Madrid paso varios años en el Clínico, paso por todas las residencias y ejerzo durante tres años de profesor ayudante. Durante este tiempo saco dos oposiciones: Las de la Seguridad Social y las del Estado. Y finalmente, salen las del “Niño Jesús”, y aquí me quedo ya 30 años, convirtiéndome en pionero de la Dermatología Pediátrica de España. “   


Concha Llamazares: Pero su afición a declamar de memoria, con pasión y oficio (quienes les hemos visto en un escenario, sabemos de lo que hablamos), siempre le acompaña …


A: “Claro… De hecho, en los veranos, cuando iba al pueblo, mis primos y yo nos juntábamos en el corralón de Félix Salamanca, y allí todos éramos unos artistas. Recuerdo que mi primo Antonio Chaves intentaba recitar de memoria “Los Consejos del Tío Perico” de Chamizo, y siempre se le iba algún verso,  Yo recité “la Nacencia” de tal modo, que ya en cada encuentro tenía que volver a declamar algún poema.    

Luego llegaron los 80, etapa en la que mi amigo Jesús Lozano funda la Asociación Cultural Fontanesa. Y hacíamos aquellos festivales tan artísticos, en los que yo seguía recitando, y hasta canturreando como podía, claro. Ahí ponía yo en pie, por ejemplo, el “Romance de la Lirio”, de Rafael de León”, donde  alternaba recitado con copla, una osadía.  Y, a partir de ahí, recitaba donde se me pedía. Siempre con la máxima de un célebre orador que decía que para hacer llorar o emocionar al público, tenías que llorar y emocionarte tú primero. Y es así.


C: Y así fue que ha ido simultaneando su oficio médico con la rapsodia, lo que seguro ha dado lugar a multitud de anécdotas…

A: Muchísimas. Tenía una consulta privada en Madrid, y tenía una paciente cubana con la que, un día, me puse a hablar de zarzuela… Y he aquí que me pongo a cantarle algunas piezas, y la mujer se fue encantada. Claro que, la siguiente paciente, me preguntó que si yo no le iba a cantar a ella, ja , ja.  A partir de ahí, en mis consultas se alternaba la medicina y la rapsodia y el cante, que también son muy terapéuticos.

En otra ocasión se me presentó Ángela Molina con su hijo. Y surgió una conversación sobre su padre, al que yo admiro, y del que me sabía todas las coplas. E hicimos una especie de pique… Bueno, la mujer se emocionó y me dijo: “Pero si usted sabe más de mi padre que yo ...”

O en Buenos Aires, allí he ido muchos veces a congresos médicos, y he recitado.  En una ocasión, tras un congreso al que asistí con otros catedráticos de España, en el chalé privado de uno de los organizadores, me atreví a recitar, a petición de la señora,  “Balada para un Loco”,  lo hice imitando el acento argentino. Aquel buen hombre, al terminar, me dijo: “Viejo, me habéis salvado la noche”.

Después vendrían más. Otro en un restaurante de Londres, en el que recité la segunda parte del “Llanto por la Muerte de Ignacio Sánchez Mejías”, de Lorca. Y todos los presentes se pusieron en pie, incluso los extranjeros que, como me dirían algunos de los presentes , no habían entendido ni papa, pero les había llegado el dramatismo y la emoción de esta pieza, que he recitado muchísimo. Y es que es un poema en cuatro partes impresionante, lleno de imágenes muy poderosas… Creo que Lorca estaba enamorado de este torero, que también venía de cuna humilde, y que fue gran mecenas de la Generación del 27.

           
C: Sé, sabemos que ama profundamente a su pueblo, que le encanta venir y reunirse con parientes y sus amigos de toda la vida, con esa familia que es la de la asociación cultural fontanesa … ¿Cómo ha llevado el confinamiento?


A: Bueno, como todo el mundo, echando de menos a mis seres queridos, y a mi pueblo… Pero, mira, este tiempo de cuarentena me ha servido para registrar la cantidad de poemas que me sé de memoria, más de 40, muchos muy largos…  daría para un buen libro. Y he seguido recitando, o cantando, por los pasillos de mi casa.

Estoy deseando ver a mis nietos, a mi gente… Y, cuando se pueda, ir a mi pueblo, cuyo nombre he llevado con orgullo por cualquier parte del mundo, y nunca he perdido mi acento. Me siento orgulloso de ser hijo de Fuente del Maestre.

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