Editorial abril: 'La necesidad de no volver la espalda al drama sirio'

Cada día que pasa y se dilata la solución al drama que sufren los refugiados sirios, Europa y su unión pierden fuerza y sentido. La reciente firma del polémico acuerdo suscrito entre la Unión Europea y la Turquía de Erdogan parece, a la luz de los acontecimientos, un parche sobre una herida que mana sangre profusamente y no la medida de calado que la situación demanda, para cuya resolución es necesario que los Estados actúen de forma coordinada, anteponiendo, de una vez, el interés del pueblo sirio a las cuestiones políticas.


Esto es precisamente lo que reclama la Plataforma Refugiados Extremadura por medio de su portavoz, Juan Zúñiga, una mayor voluntad política para evitar esas escenas que, con demasiada frecuencia, abren las cabeceras de los telediarios y sacuden las conciencias.

Europa –y los Estados que la integran- no puede volver la espalda a la tragedia que día tras día acontece en el Mediterráneo. Una sociedad tan avanzada como la europea no puede permanecer impasible ante una crisis humanitaria de esta dimensión, debe caracterizarse por su solidaridad e integración.
La Declaración Universal de Derechos Humanos recoge, en su artículo 14, que "en caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar de él, en cualquier país", un derecho que, de forma flagrante, se está vulnerando.

Una actitud, la de la clase política, que contrasta con la solidaridad de la sociedad civil, que se ha organizado en todo el país en plataformas, como la surgida en Extremadura el pasado verano, con el objetivo de reclamar para los refugiados lo que por derecho les pertenece.

A día de hoy, a España sólo han llegado 18 de los casi 17.000 refugiados que el Gobierno se comprometió a acoger, una cifra irrisoria y sonrojante, máxime si la comparamos con los más un millón de sirios acogidos por Alemania. Parece claro que la burocracia ha fallado -una vez más- y que no ha sabido ofrecer una respuesta rápida a una cuestión que demandaba una solución urgente.

Pese a todo, es preferible pensar que aún estamos a tiempo de dar un giro a los acontecimientos, sin duda algo mejor que tener que explicar a las generaciones venideras que no hicimos nada por ayudar a quienes huían de la guerra y la desolación. El error es asumible, pero la inacción resulta inaceptable.

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