Opinión. 'Del camino de la muerte y la compasión. (De la felicidad y la desgracia II)'

Sigo en la lucha contra Cohelo y los negligentes que lo siguen y embolsan sus bolsillos, como contra aquellos que engañan con la pseudosabiduría, la pseudomística, las recetas mercantilistas sobre la felicidad. Como si ésta se comprase como el que compra un kilo de lentejas.

 

 

“Quien haya superado el miedo a la muerte –él y sólo él- puede cultivar la flor más exquisita y fragante en su espíritu: incontestabilidad, impasibilidad, confianza incondicional. Pues, del modo que sea: ¿qué podría aún afligir a un hombre tal en este mundo? ¿Miseria? Él no tiene miedo de morirse de inanición. ¿Enemigos? Ellos pueden, a lo sumo, matarlo, y la muerte ya no significa espanto para él. ¿Dolor corporal? De tornarse insoportable, él “El forastero en la Tierra”, lo expulsa en unos pocos minutos junto a su cuerpo.

 

Por eso, el desdén de morir es base y condición sine qua nom de la auténtica confianza. Pero, ¿cómo se la puede alcanzar? A través de la religión y la filosofía.” Mailländer, “La filosofía de la redención”. p. 126

“Éste desvelamiento de nuestra esencia es apoyado por una clara mirada hacia el universo, la cual encuentra, en todos lados, la gran verdad:

-que la vida es esencialmente desdicha y que se ha de privilegiar el no ser frente a ella;
Luego, por el resultado de la especulación:

-que todo lo que es, estaba antes del universo en Dios (podemos entender la Unidad), dicho como metáfora, ha participado en la resolución de Dios de no ser y en la elección del medio para ése objetivo”. p. 128

(Aquí si veo yo el error de Mailländer, la Unidad no elige dejar de ser, no puede, la multiplicidad de su autopensamiento genera, la escisión y con ello la dualidad, que es la apariencia del universo múltiple y de la vida individual y consciente). De ahí que el morir sea, como dicen los budista, el nirvana y, el Despertar, es lo mismo que el morir, la nada, el nirvana. Pero es que la nada es la vacuidad, que es la unidad y que significa la posibilidad infinita de ser. Mírese todo esto desde la perspectiva de la eternidad, es decir, desde la ausencia de tiempo. Pero la vacuidad se consigue por medio de la sabiduría y el camino de la sabiduría es el de la compasión. Ahora bien, sólo puede tener compasión el que no teme en nada a la muerte. El que ha comprendido la vacuidad de la vida, la esencia de su ser. Mailländer se equivoca cuando habla del no ser, porque ese no ser, no es el no ser lógico, la negación del ser, sino la vacuidad que es la posibilidad infinita del ser. Por eso Mailländer muy lúcidamente añade:

“Quien no le teme a la muerte penetra en una casa en llamas; quien no le teme a la muerte, salta sin vacilar a una desenfrenada riada; quien no le teme a la muerte, irrumpe en una tupida lluvia de balas; quien no le teme a la muerte, emprende, desarmado, la lucha contra miles de titanes acorazados; -en una palabra- , quien no le teme a la muerte es el único que puede hacer algo por los demás, desangrarse por los otros, y tiene, al mismo tiempo, la única felicidad, el único bien deseable del mundo: la única paz del corazón.” p. 129.

Obviamente este fragmento es crucial para darnos cuenta que el camino que le lleva a Mailländer a la negación de la vida y al sostenimiento del suicidio, sobre todo para el sabio, que ha entendido la negación, viene a coincidir con el discurso ético de la compasión. Sólo el que está absolutamente desapegado y desprendido de la vida, porque ha comprendido que nada tiene un valor esencial, es capaz de hacer todo por los demás. El resto no es más que egoísmo, engordar nuestro ego, vanidad. Véase aquí la sabiduría del libro del Eclesiastés. Por eso Buda predica que la vida es sufrimiento y que la verdad es la salida del sufrimiento por la negación de la propia vida. Pero el camino no es el de la sabiduría, sino el de la compasión. De ahí ese consejo de Buda del suicidio, pero no a sus discípulos, que deben enseñar la doctrina de la compasión y la vacuidad.

Y, si nos vamos a los dos pilares de nuestra civilización: Jesús de Nazaret y Sócrates, observamos lo mismo. Su ética es una ética de la compasión absoluta. Y, en ambos casos, su muerte se puede considerar un suicidio ejemplar en el que culmina su enseñanza. No son un suicidio directo, ni mucho menos, sino un suicidio dirigido. Digo esto en el sentido de que ambas muertes pudieron ser evitadas perfectamente por sus protagonistas, pero no lo hicieron, optaron por la provocación y la ironía, uno con la palabra (Sócrates), otro con el silencio desafiante (Jesús de Nazaret). Y, ambos sabían que era eso lo que debían de hacer para mostrar la verdad de sus enseñanzas. El desapego a la vida nos lleva a la compasión absoluta, tanto como dar la vida, puesto que ésta, no significa nada al lado de sus enseñanzas, todo lo contrario, el cierre de sus vidas corrobora su última enseñanza.

Por eso, sabiduría y ética van íntimamente unidas. El que no conoce que todo es vacuidad, no será compasivo, pero, de la misma manera, el que no practique la compasión no se dará cuenta de la irrelevancia de su propia existencia y lo relativo de su dolor. Sólo viendo el dolor de los demás nos podemos desapegar del nuestro, de nuestro egocentrismo.

Juan Pedro Viñuela

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