Opinión. 'De la infelicidad y otras desgracias'

Ante el aluvión de pensamiento positivo, piscología positiva, coachings, citas en cartelitos en fb., libros de autoayuda, pues resulta que me estoy leyendo un libro de un filósofo que el azar, o no tanto, lo ha hecho desconocido, Mailländer, discípulo de Kant y Schopenhauer y partidario de que el universo es el no ser o la muerte de dios, por eso todo degenera, todo tiende a la entropía y al desorden y al final todo muere. El fin de toda vida es la muerte, el fin de la humanidad es la muerte y lo mejor que pueda hacer cualquiera es matarse. Precisamente es lo que hizo este poeta y filósofo al día siguiente de aparecer su obra magna. Bien, pues para apoyar su tesis recoge estas dos citas de dos de los hombres más grandes de la historia que dicen lo siguiente. Por supuesto que reto al tal Paolo Cohelo, sus secuaces y seguidores a intentar hincarle el diente a este hueso. Lo lanzo como reto.

 


“Todos sufrimos en la vida.

Se me ha exaltado siempre como alguien favorecido por la fortuna…Pero en el fondo no ha habido más que esfuerzo y trabajo, y ciertamente puedo decir que, a mis setenta y cinco años, nunca he tenido ni siquiera cuatro semanas realmente placenteras. Era empujar eternamente una piedra que quería ser siempre levantada de nuevo.” Goethe.

“No fui creado para ser padre de familia. Además, considero el matrimonio como un pecado, la procreación de los niños como un delito.

Es también mi convicción, que aquel que escoge el yugo de la vida conyugal es un necio y más aún un pecador. Un necio, pues con esto se deshace de su libertad sin ganar una correspondiente compensación; un pecador, pues les da la vida a los hijos sin poder darle la certeza de la dicha. Desprecio a la humanidad en todos sus estratos; preveo que nuestros descendientes serán aún más desdichados que nosotros; ¿no debiera ser un pecador si a pesar de esta visión engendrase hijos, es decir, seres infelices?

Toda la vida es el mayor sinsentido y si uno se esfuerza e investiga ochenta años, finalmente tiene que confesar que no ha pretendido ni investigado nada. Si supiéramos, al menos, por qué estamos en este mundo. No obstante, todo es y permanece enigmático para el pensador, y la mayor felicidad es nacer como mentecato.” Humboldt. En Mailländer “La filosofía de la redención, 2011, pp. 89-90

Estoy seguro que todo ese pensamiento positivo, facilón, empalagoso no es más que el fruto de este run run que todos llevamos dentro. Si no, a cuento de qué tanta tontería y tanta autoayuda, ni educación emocional ni paños calientes que no son más que autoengaños, justificaciones para soportar la existencia o su peso, que es lo mismo.

Schopenhauer, el llamado padre del pesimismo, su maestro, por su parte, consideraba inadmisible el suicidio. Y uno de los mayores defensores del suicidio, ya en el siglo XX, Cioran, con un pensamiento aún más desgarrador que el de Mailländer murió a los ochenta y cuatro años en la cama. Eso sí, llevaba dos años sumidos en la inconsciencia debido a la demencia senil. Es decir, consiguió, lo que él quería, perder la conciencia, dejar de ser un yo. Muy curiosa la mente humana, como para reducirla a cuatro patrones positivistas de la psicología y a cuatro consejos buenistas rousseaunianos y a una palmadita en la espalda. Al final mis alumnos van a tener razón, cuando les digo que la felicidad sólo está al alcance del sabio, ellos saltan como resortes y dicen: “el único feliz es el tonto.” Y no hay quien los saque de ahí. Perdón por lo políticamente incorrecto, pero es que lo dicen así.

Juan Pedro Viñuela

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