Opinión. 'Las bromas y el ingenio de Gerard Piqué'

Gerard Piqué tras vencer en la Eurocopa con la selección española

Gerard Piqué, representante de la alta burguesía catalana y del más señero catalanismo, es un jugador de fútbol del Barcelona, y también de la selección española con la que ha conseguido para España numerosos títulos y para él mucho prestigio y dinero. Como hombre público hay que añadir que escribió un libro. Es decir, es un novelista.

 

A mi entender, esta faceta de novelista es la que más pone de manifiesto su auténtica personalidad. Voy a dar unas breves notas (demostrables) que muestren lo que digo. Hace unos años, en un programa futbolero (“Lo que el ojo no ve”) de cierto canal televisivo, las cámaras le descubrieron a él, acompañado de su compañero Pujol, sentados en un palco de un campo de fútbol. Piqué comía pipas, unas tras otras, lo cual no tiene nada de extraño porque se trata de una afición de muchos futbolistas cuando están viendo el fútbol. Lo llamativo era que los restos chupados de las pipas los dejaba caer intencionadamente en los hombros de un señor de bastante edad que se encontraba debajo. El pobre hombre no podía entender de dónde venían las ensalivadas cáscaras y miraba incrédulo al cielo, con el consiguiente regocijo de nuestro bromista escritor, y con el reproche de Pujol.

En otra ocasión su irreprimible (y tal vez incomprendido) carácter juguetón le llevó, junto con otro colega, a quemar la vieja motocicleta de un utillero del equipo, con el natural disgusto de su  dueño. Eso sí, una vez que comprobaron la desolación producida en el pobre trabajador, le compraron una nueva (¡será por pelas!).

Este personaje, que posee la agudeza victoriana de Oscar Wilde y el ingenio de Lope de Vega, también se caracteriza por la profundidad de su análisis crítico de la realidad. Una prueba es el profundo pensamiento con el que hace unos días nos deleitó. A raíz del  insulto que para los españoles supuso la pitada al himno de la nación en la final de la Copa del Rey, se descolgó con una afirmación digna de los debates entre Ortega y Azaña a cuenta del catalanismo, y en la que nadie antes habíamos caído: “Lo que hay que pensar es por qué se pita” (dixit). O sea, que después de tantos análisis, controversias, estudios, etc, ¡Gerard Piqué cree que no sabemos por qué pitan al resto de España! Es como si a los que nos quejamos de la barbarie que produce el Estado Islámico (perdonen la exageración, pero el ejemplo va para que lo entienda Gerard), alguien intentara disculparla diciendo que pensemos por qué lo hacen... ¡No, hombre, no! Cuanto más lo pensamos más seguros estamos de la falta de respeto que la pitada supuso. Un criterio tan general como aquel, que se puede aplicar a cualquier circunstancia y que la capacidad intelectual de nuestro futbolista-escritor le llevó a formular, no significa nada y vale tanto para un roto como para un descosido, es decir, se convierte en una obviedad (una memez).

Manuel Montanero Morán.

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