Opinión. 'Hacia el nuevo paradigma del Ser, la Unidad, la Paz y la Libertad'

Vacía tu Ego completamente;
Abraza la paz perfecta.
El Mundo se mueve y gira;
Obsérvale regresar a la quietud.
Todas las cosas que florecen
Regresarán a su origen.



Este regreso es pacífico;
Es el camino de la Naturaleza,
Eternamente decayendo y renovándose.
Comprender esto trae la iluminación,
Ignorar esto lleva a la miseria.

Aquel que comprende el camino de la Naturaleza llega a apreciarlo todo;
Apreciándolo todo, se convierte en imparcial;
Siendo imparcial, se convierte en magnánimo;
Siendo magnánimo, se convierte en parte de la Naturaleza;
Siendo parte de la Naturaleza, se hace uno con el Tao;
Siendo uno con el Tao, se alcanza la inmortalidad:
Piensa que el cuerpo perecerá, el Tao no. Tao Te King. Lao Tse.

El origen y el principio de todas las cosas es lo común. Lo común se decía el Logos, con los griegos, los primeros filósofos, los presocráticos. Pero ese Logos, razón, palabra es el propio Ser y es común a todos los que lo siguen, el mundo de los despiertos. Mientras que los que duermen están en las apariencias, el error. Son necios como dirían los estoicos. Y, desde el punto de vista ético, están en el sufrimiento del vicio. Porque el vicio es infelicidad y esclavitud. El origen como lo común que es el Ser es la Verdad. Pero la Verdad, en su sentido originario es Aletheia, se nos desvela. No es fruto del camino de la razón discursiva que nos aleja del origen de lo común. Porque el origen de lo común, el Logos, es el origen de los contrarios. En Occidente hemos seguido el camino de la razón discursiva y eso ha producido la dualidad de los opuestos: sujeto, objeto, principio y final. Y es muy interesante esto del principio y el final. Porque esa es la visión de la historia que nace con el cristianismo a partir de su concepción del tiempo lineal. Pero esto, que es visto en el cristianismo, como la historia de la salvación del hombre, cuando se seculariza esta idea, es vista como emancipación de la humanidad, como el fin del progreso y la liberación de todo sufrimiento y, por ello, como el reino de los cielos en la tierra. Pues estas ideas, que proceden del uso discursivo de la razón, no de su uso intuitivo y con la intención de desvelar, no de descubrir, son y crean concepciones del mundo que moral y políticamente arrollan al hombre a la infelicidad y a la humanidad a su propia extinción por la ambición y el odio. Por el contrario, lo común es la unión de los opuestos, que permanecen en lo mismo porque son la esencia de la Unidad. No se trata de desechar el camino recorrido, sino de asumirlo y reintegrarlo. Porque hemos llegado al final del recorrido. Si seguimos pensando la historia de esta manera caemos en los antagonismos, las contradicciones de la misma, por usar la terminología marxista. Se trata de un cambio de conciencia de la humanidad que debe venir desde abajo, desde el individuo. De una transformación. Y eso es lo que producirá la revolución. Es la única esperanza, que, por cierto, si miramos a nuestro alrededor, es muy endeble.

El regreso a la unidad, a la conciencia de  unidad, es la paz. La reconciliación de los contrarios. Por no salirnos, en nuestro lenguaje de la tradición occidental. Es lo que decía Heráclito. O es el camino de la Naturaleza, como decían los estoicos. Hemos de recuperar esta sabiduría y hacerla íntima. O, como sugiere Jorge Riechmann: la transformación ha de ser ética. Y él propone el modelo de virtud, sabiduría y austeridad de los Epicúreos, siempre malinterpretados por culpa del cristianismo y su interpretación del platonismo que convierte a lo sensible, lo opuesto de lo espiritual, en el mal. Creando dos contrarios (principio y fin, condena y salvación) y, con ello, la moralidad de los débiles. Todo lo contrario de lo que nos propone el estoicismo y la visión moderna de éste en la ética de Spinoza (Deus sive natura, natura sive deus. Dios o naturaleza, naturaleza o dios). Por eso abandonar el camino de la Naturaleza nos lleva a la miseria. Encontramos en los estoicos y en Lao Tse un pensamiento ecologista originario y pleno. El abandono de la naturaleza es el dualismo Hombre-Naturaleza, tan bien dibujado en el mito del Génesis, conjunto de mitos, donde aparecen todos los dualismos que el pensamiento cristiano se ha encargado de perpetuar. Y esto sirve para creyentes como para no creyentes. En nuestra cultura están los mitos y arquetipos de cientos de generaciones y ese es el peso que llevamos en nuestras alforjas. El peso del Camello, del que hablaba Nietzsche. De ahí las tres transformaciones. De camello en león, que es el que dice, No, a ese peso y de éste al niño, que es el que juega y en su juego crea el mundo y el tiempo e impone arbitrariamente las reglas. No está sujeto a contradicción. Es creación en lo eterno: ausencia de tiempo, el aquí y el ahora.

Comprender el camino de la Naturaleza es hacerse uno con ella. Saber que se es uno más en la naturaleza. Que toda la naturaleza está en ti. Y tú eres la naturaleza. Y este camino, a la par que es un camino de conocimiento, a nivel de la comprensión y la intuición, es un camino moral. Porque es el camino de la paz. En la unidad, no se anula la individualidad. Nos encontramos ante la Mismidad, no la identidad, que diría Heidegger. Pero en la Mismidad no hay opuestos, la dualidad se ha disuelto. Lo que encontramos siguiendo a esta unidad es una conciencia ampliada, un conocimiento que implica una actitud ética. Es ésta la revolución o la transformación que se necesita. Mientras vivamos del dualismo producido por el patriarcado, que genera, la agresividad, la competencia, el poder…en fin todos los caracteres del sistema productivo que tenemos: el capitalismo, no tenemos esperanza. Pero vivimos en la época del descreimiento, la muerte de la razón ilustrada, el posmodernismo. La conciencia del hombre se ha transformado. No se puede repetir una época axial como la de Sócrates. Por eso la transformación de la conciencia ha de venir de abajo. Y, las claves, las tenemos ya en la historia de la humanidad. Sólo hay que redescubrirlas y adaptarlas a nuestros días. En definitiva es un crecimiento adaptativo de la humanidad, porque como sabemos, la cultura humana, que es inseparable de su naturaleza, es la forma de adaptación del hombre al medio. Una adaptación  transformadora. Hoy ya no hay naturaleza pura (aunque se pueda recuperar en parte, pero eso forma parte del nuestra propia transformación, del cambio de paradigma), el medio lo hemos creado nosotros y, a su vez, como decía Marx, el medio crea nuestra conciencia: “No es mi conciencia la que determina mi ser social, sino mi ser social el que determina mi conciencia”. Pues ante el deterioro de nuestro ser social tenemos que asumir una nueva conciencia para un nuevo medio cuya piedra angular es la Unidad y la vuelta a la Naturaleza, como eliminación de la no dualidad. Y de ello, en lugar del odio y la guerra tiene que surgir la Paz, la Fraternidad y la Libertad. Por si a alguno se le ocurre, no cabe interpretar esto como un mesianismo, porque aquí no hay ningún determinismo ni leyes definitivas, ni de la historia, ni de la sociedad, ni de la condición humana. Aquí, más que nada hay un acto de libertad, o, dicho de otra manera, un acto de conciencia. Todo depende de nosotros, nada está sujeto a leyes trascendentes. Y esto es la mayoría de edad Kantiana. Tenemos que tomar autónomamente las riendas de nuestra historia, como de nuestra biografía.

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