Opinión. 'Desastre educativo: el bilingüismo y las nuevas tecnologías'

Sin ánimo de ofender a nadie. Desde la razón y la observación y tampoco pretendo llevar la razón, porque nadie tiene la razón sino que ésta es la intermediaria en el diálogo. El instrumento para acercarse progresivamente a hipótesis más verdaderas

Ya está uno más que harto de tanto engaño y tanta farsa. Harto de los ignorantes y de los mangantes del mercado. Vamos a ver si nos enteramos de una vez. El bilingüismo es un invento con la única intención de separar a los alumnos.

 

 

Algunos argumentarán, no sin razón, que los alumnos se agrupan ellos solos nada más que por las optativas que eligen, cierto. Pero eso no implica la formación de grupos bilingües exclusivos. Si no existiese el bilingüe, esos alumnos, inevitablemente, estarían más repartidos, además de que la ley lo obligaría, por la no exclusión y diferencia. Pero, no, el bilingüe abre una brecha inseparable entre los alumnos y entre los profesores, que ésa es otra. El bilingüismo es una farsa porque está demostrado que el alumno no aprende ni más matemáticas, por ejemplo, ni más inglés, en todo caso pierde contenidos en matemáticas. Claro, si la hora lectiva ha de ser aprovechada en parte, unos quince minutos en explicar lo ya explicado en inglés, pues apaga y vámonos. La administración ha introducido el bilingüismo para dotarse de un aura de calidad, cuando no es más que una ilusión y un fracaso. También afecta a los profesores, muchos de estos, por edad, no se formaron en inglés, sino en francés. Y, además en las oposiciones que ganaron, los más viejos por decir algo, eran oposiciones nacionales al cuerpo de agregados de bachillerato, ya no quedan, salvo caso aislado ni los de la oposición a cátedra, pues como decía no se exigía ese conocimiento de inglés para aprobar. Ignoro si ahora habrá una reglamentación que priorice al que está acreditado en inglés dentro de un mismo departamento. Si es así es una auténtica barbaridad. Lo que hay que fomentar es la formación personal en tu propia disciplina, tus publicaciones y demás. Los cursos de formación de los CPRs, el inglés, los de los sindicatos, todo está de más. Pero, claro, una educación que elimina la importancia del conocimiento, pues eso del bilingüismo queda muy bien para la galería, pero, insisto, ni aprenden más inglés, ni más contenido, en todo caso menos. Eso está probado estadísticamente y a mí me lo dicen mis alumnos. Además algunos centros priorizan en ciertas asignaturas a alguien ajeno a la especialidad, habiendo en plantilla especialista en la materia, a aquellos que están acreditados en inglés. En fin, que por cualquier lado que lo mires es una discriminación para el profesorado. El bilingüismo es un mito político para lavarle la cara a la educación pública, mientras favorecen por todos los medios y en todos los sentidos a la educación concertada-privada. Pero, como siempre, el profesor calla. Por cierto, al profesor del bilingüe también le dan horas por serlo para cobrar los famosos sexenios. Ahora bien, si publicas un libro de investigación de tu especialidad, creo que no te dan nada, al menos a mí, o no habré llamado a la puerta oportuna, porque al final todo se trata de eso. Una enseñanza bilingüe de verdad consiste en una inmersión lingüística. Es decir, si tú entras en un instituto francés o inglés de estos privados que hay, tu desde que entras estás hablando en inglés y tus profesores de todas las disciplinas son nativos. Por favor, que tendrá que ver esta auténtica enseñanza bilingüe con la mascarada de los centros bilingües de calidad que la administración ha creado con la excusa de separar, sí, de separar, además de crear una división en el profesorado. El profesor debe ser competente en su disciplina y punto. Y eso no tiene nada que ver con el inglés. Un engaño y un atropello para el alumnado y para el profesorado.

Y el segundo mito del que ya he hablado en muchas ocasiones. Las nuevas tecnologías en la educación. Les recomiendo a ustedes un libro que he leído recientemente, escrito por un neurofisiólogo y que se llama “Demencia digital”. Si quieren pruebas empíricas sobre lo que voy a decir allí las encontrarán. La enseñanza por medio de las nuevas tecnologías se nos presenta como la redención de la educación. El libro electrónico y la tablet son la solución a todos los males. Nos dicen que el alumno está atento, que es más participativo, que no hay un aprendizaje memorístico, sino que se fomenta la creación, que en el siglo XXI no podemos estar con los instrumentos del siglo XX o de toda la vida. Pues mire usted. Todo esto es mentira. No es necesario cambiar la pizarra y la tiza, ni el papel ni el lápiz, es más, es absolutamente recomendable para el desarrollo cerebral, sino queremos tener en el futuro a descerebrados sin capacidad de atención, sin retentiva, sin memoria y, por todo ello, sin capacidad de aprender. Qué duda cabe que las nuevas tecnologías ayudan y mucho. Pero no pueden sustituir a la relación directa profesor alumno. Una tablet o un ordenador es, cuando se utiliza como único instrumento de aprendizaje, y el profesor se transforma en un simple guía que no aporta ningún conocimiento, un invento del maligno. Destroza el proceso de aprendizaje. Destroza las áreas del cerebro encargadas de la memoria, la abstracción y la atención. El niño no está atento cuando mira la tablet, el niño está simplemente distraído y sumergido en multitareas (otro conceptito mítico) que eliminan la posibilidad del desarrollo neuronal que le permita la atención y la memoria. Se está convirtiendo en algo así como en un demente anciano, que no es capaz de prestar atención ni de recordar. Eso sí, nos cuentan y nos dicen que se acabó ya el peso de las mochilas. Pues vaya ventaja educativa. Para ese viaje no es menester alforjas. Pues anda que no hay modos de solucionar este problema. El mito de las nuevas tecnologías en la enseñanza tiene dos patas: la pseudociencia de la pedagogía y el mercado. La primera nos habla de creatividad, de la posibilidad de aprender por uno mismo. Venga, hombre, yo me meto en una página de ingeniería aeronáutica y no me entero de nada. Necesito de un maestro que me enseñe a la vieja usanza, porque no hay otra desde el gran pedagogo Sócrates. Y esa forma es el diálogo basado en la razón en la que se transmiten los conocimientos desde el maestro al alumno y este último acepta y respeta la autoridad intelectual del profesor, no es que no lo cuestione, que sí, eso es el diálogo, pero desde la razón y sabiendo que hay, de momento, una superioridad intelectual a la que se le debe respeto y admiración. Y eso es lo que ha de producir la motivación. Una vez iniciado en la ciencia pues puedes entrar en internet y aprender porque tienes los instrumentos para ello. Además de que en el proceso de aprendizaje se ha fomentado, y mucho, la memoria. Pero no hablamos de una memoria informática o la del papagallo, sino de la memoria humana. La memoria es intencional y está cargada de emociones. Si el alumno se apasiona por el saber recordará mucho mejor. Pero para eso no son necesarios jueguecitos instalados sobre la nada de la educación emocional, sino la autoridad intelectual y moral del profesor y la educación del alumno que empieza por el respeto. Estos últimos factores se han perdido absolutamente en la enseñanza. Ni el profesor tiene autoridad, ni el alumno le guarda respeto. El alumno anda por el instituto como si estuviese en el parque con los amigos, carece de educación tanto para sus compañeros como para los profesores. No son todos, obviamente, empezó siendo una minoría que va aumentando y contaminando al resto, peligrosamente. Y en segundo lugar pues tenemos al mercados. Las multinacionales de la información tienen que vender sus productos y engañan a los estados a través de su corte de pedagogos que les convencen de las inmensas virtudes y de la eliminación del fracaso escolar por medio de la utilización, desde la primaria, e incluso infantil, de los medios de comunicación informáticos. Y así hacen su agosto. No es más que la ley del mercado. Pero lo que se puede producir es un daño tremendo en las generaciones futuras.

Aunque sea una observación absolutamente subjetiva pues me voy dando cuenta de que mis alumnos cada vez son menos capaces de seguir un discurso de media hora, no digo ya la clase entera. Y creo, ya digo, lo que dije antes está abalado científicamente, lo de ahora es una apreciación subjetiva, que es debido al uso excesivo de teléfonos móviles y ordenadores. En estos sólo se dan pequeños mensajes, que se olvidan a los pocos minutos. Estás realizando continuamente multitareas, con lo cual no estás prestando atención a ninguna. De ahí que a los alumnos les cueste cada vez más concentrarse y atender. Es una cuestión puramente de desarrollo cerebral, una cuestión biológica. La multitarea, insisto, no es una ventaja de los nativos digitales sobre nosotros, sino un vacío en el cerebro que produce una demencia: la incapacidad de atender y memorizar. Y sin esto no hay aprendizaje, estaríamos como lobotomizados. Y no soy un tecnófobo. Utilizo todos estos artefactos. Mi ordenador está encendido prácticamente todo el día. Pero, la cuestión es el cómo del uso. Además, yo no soy un nativo digital, soy demasiado viejo para eso. Mi cerebro ya estaba desarrollado cuando llegaron las nuevas tecnologías. Pues aun así les digo que cuando hago un uso excesivo de las redes sociales mi mente se dispersa. Puedo leer un montón de artículos muy interesantes y de los que aprendo, pero que cada uno trata de cosas muy distintas, durante dos horas, pero luego siento un gran olvido. ¿Qué he aprendido?, ¿qué he leído? No tiene nada que ver con la lectura lineal de un libro. Entonces sí recuerdas y tu atención ha sido absoluta. Además de que te ha producido un gran placer. Lo otro te ha distraído, te ha sacado del tiempo, y poco más. Incluso puede producirte stress. El neurofiólogo que les he citado el Dr. Manfred Spitzer lo sabe bien porque ha tratado múltiples casos en su consulta. En conclusión, considero que los profesores deberíamos estar absolutamente en contra de la implantación de estas tecnologías en los centros que sólo sirven para enriquecer a unos cuantos. Y en contra del bilingüismo tal y como está concebido.

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