Opinión. 'Imbéciles como el Cholo Simeone. Sobre el entrenador, el qué y el cómo'

De Ángel Sanz Contreras, publicado en su blog "Re-imaginando" de Expansión.com

Parece que, etimológicamente, la palabra "imbécil" viene del romano. El prefijo im significa "sin" y becilis es el diminutivo de baculum que significa "bastón". Inicialmente no tenía carácter peyorativo ya que se denominaban imbecilis a aquellos que, por alguna razón (enfermedad, incapacidad, vejez, etc..), no podían moverse sin la ayuda de un bastón. Con el tiempo, esta acepción evolucionó y pasó de aplicarse a aquellos que no tenían suficiencia física a aquellos que no tenían suficiencia "mental".



Hay otra tendencia etimológica que dice que procede de la palabra romana imbellum que significa "no apto para la guerra".  Así era cómo los romanos denominaban a aquellos que, por sus características físicas o mentales, no valían para ser parte de las Legiones Romanas y defender el Imperio.

En cualquiera de los dos casos, la palabra imbécil sí que apunta a la incapacidad para asumir cierta función. Y ayer el Cholo Simeone demostró ser un imbécil de libro. No por su capacidad técnica. Desde un punto de vista futbolístico ha demostrado que es muy bueno. Como consecuencia de su indiscutible trabajo y su conocimiento, su equipo ha obtenido unos resultados impresionantes compitiendo y ganando en inferioridad de condiciones con el Real Madrid y el Barça. No es por eso.

Digo que el Cholo es un imbécil porque ayer, dando dos collejas al 4º árbitro y luego pasándose por el forro la prohibición de quedarse en la grada, demostró su incapacidad de gestionar su papel de entrenador como líder, como modelo de conducta, como persona que respeta las reglas y la autoridad, como figura pública, como referencia, como ejemplo de valores, como parte de algo que se llama deportividad y que está por encima de él, como un tipo que es consciente de que tiene un impacto brutal en gente joven y que va a justificar su comportamiento porque ha ganado. Y lo peor, es que hoy habrá muchos que aplaudan al imbécil. Y eso es lo realmente preocupante.

Pero hablo del imbécil del Cholo, como el imbécil de Mourinho, el imbécil de Luis Suárez, el imbécil de Pepe o los imbéciles de sus dirigentes que lo justifican o no toman medidas al respecto. Son incapaces de gestionar una de sus funciones más importantes: no ser un ejemplo negativo para nuestro sistema. Y no lo hacen, porque entienden que lo importante no es eso. Lo importante es ganar. Lo importante es el corto plazo. Lo importante es el resultado y no el proceso. Lo importante es el fin, no los medios. Lo importante es el "qué", no es el "cómo".

A través de una amiga (gracias Belén), me he cruzado con un proyecto muy interesante que se llama "El Cómo". Y digo que es interesante porque se rige por una filosofía que va justo en la línea de que está muy bien toda la teoría del "qué", de saber lo que se tiene que hacer, de lo que es bueno, de lo que necesitamos, de todas estas cosas inspiradoras pero... ¿cómo lo resolvemos? ¿cómo nos ponemos manos a la obra? ¿cómo lo hacemos? ¿cómo se pasa de la teoría a la práctica?. Tenemos que centrarnos en el "cómo". Si nos centramos en el "qué", probablemente somos capaces de entenderlo. Pero si nos centramos en el "cómo", somos capaces de aprenderlo y por tanto de aplicarlo. Y sin el "cómo", el "qué" no es más que una conversación. Sin el "cómo", el "qué" tiende a ser irrelevante.

Una de las grandes ventajas del deporte es que es un ejemplo constante del "cómo". Ahí no hay dobleces. Lo que ves es lo que hay. Saca lo que tienes dentro. Te pone en situaciones donde se muestran tus capacidades, tus habilidades, tus valores y en muchos casos tu esencia. Si eres generoso o egoísta. Si cumples las reglas o no. Qué tipo de liderazgo aplicas. Cómo afrontas la competición. Cómo entiendes el trabajo en equipo. Cómo asumes tu papel. Cómo te sacrificas, cómo te entregas...  El deporte hace que no funcionen ciertos filtros que somos capaces de mantener en nuestra vida diaria y que salga lo mejor y lo peor de nosotros. Pone de manifiesto nuestra visión de cómo planteamos ciertas cosas.

Hace unos meses me invitaron a hablar en un clinic de entrenadores de baloncesto. Al inicio de la charla pregunté: "¿Cuántos de vosotros creéis que estáis entrenando a algún chaval que llegará a la ACB?". Ninguno levantó la mano. Y continué "...entonces, si no creéis que ninguno va a poder vivir bien del baloncesto... ¿cuál creeis que es vuestra función principal hacia vuestros jugadores?". La respuesta era clara: educar a través del deporte. Pero resulta que se les olvida. Porque creen que están ahí para ganar. Para sacar lo mejor que deportivamente puedan sacar. A ciertas edades, el deporte abre una oportunidad espectacular para enseñar de manera brutal. Genera situaciones que hacen que ciertas experiencias cambien la vida de niños y lo importante se grabe a fuego. Y esa oportunidad la tiene que aprovechar el entrenador. Porque es el entrenador el que transforma el "qué" en el "cómo" a través de su comportamiento.

El impacto del maestro o del entrenador se multiplica para bien o para mal ya que tienen a unos ojos y unas mentes observando y aprendiendo de su conducta. No ser consciente de esto te convierte en un IMBÉCIL con mayúsculas. Y no dar herramientas a los entrenadores para ayudarles a educar convierte a los responsables en cómplices e incompetentes ya que permiten que la imbecilidad se extienda de manera incontrolada. Así que manos a la obra, que tenemos mucho trabajo por delante para hacer que los imbéciles como el Cholo, no arruinen el trabajo que están haciendo muchos padres, maestros y entrenadores a pesar del sistema y que sí saben de la importancia del "cómo".

Os dejo un vídeo de un entrenador que es el claro ejemplo de lo que debe ser educar a través del deporte. ¡IMPRESIONANTE!

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