Chelo Rodríguez será la coordinadora del Centro de Día de Fuente del Maestre

 

“Va a ser un centro de vida, no un lugar donde aparcar personas. Me niego.  Yo soy una más, siempre he sido de trabajar en la retaguardia, de arremangarme”

Esta declaraciones definen a la perfección a Chelo Rodríguez, a quien su currículo laboral le importa mucho menos que el humano (tiene estudios de psicología, protocolo y relaciones sociales en instituciones públicas, auxiliar de enfermería, etc.).

Ella es la  coordinadora del Centro de Día de Fuente del Maestre, que abrirá sus puertas a lo largo de este mes de julio. Y se declara, ante todo, una humanista de la atención sociosanitaria: “En realidad tenemos que rehumanizar a la propia humanidad porque vivimos tiempos terribles. Debería existir algo así como una signatura en humanidad, y que desde pequeñitos se nos educara para convivir y ayudar a los demás, que para eso hemos venido al mundo. Yo soy muy creyente, y me entristece que, como dice mi padre, media humanidad se levante cada mañana a destruir o depredar a la otra media”.     

A ella la vida le ha enseñado que humanizar el trabajo es lo realmente importante, más allá de los conocimientos técnicos: “En esta profesión no podemos ponernos una coraza, por muy duras que sean las situaciones a las que nos enfrentemos. Hay que asumir cómo es nuestro trabajo y aprender a gestionar lo que cada uno tenga que gestionar. Pero no ponernos una coraza porque deshumanizamos el trabajo, nos convertimos en máquinas, y a los pacientes o usuarios, en números".  

“A mí la experiencia me ha enseñado algo fundamental, que sí tomáramos consciencia de que todos vamos a envejecer y morir, seríamos mejores personas. Pero vivimos en una sociedad que maquilla y oculta esa gran verdad que pocos aceptamos. Pero debemos aprender a morir, que sólo es un cambio de estado, y a llevar con calma y dignidad nuestra horas finales. Y que nadie muera solo. Yo he llegado a hacerme pasar por trabajadora de un hospital – sííí, colándome con una bata y muchos bolígrafos visibles en el bolsillo – con tal de estar al lado de una persona que agonizaba, y a la que habían tratado sin ningún tipo de humanidad ni cariño, con cero empatía terapéutica”.     

En la actualidad, Chelo Rodríguez coordina el servicio de comida a domicilio desde el Centro de Día: “Somos como una familia, y yo soy una más. Y como no quiero que se convierta en un Gran Hermano, en este proyecto, horizontal, nos comunicamos y mucho. Ante la mínima incidencia, lo aclaramos de frente, yo la primera. Y si hay que pedir disculpas, se piden. Pedir disculpas es una fortaleza, no una debilidad”.    

Heredera del espíritu de Albert Jovell y de profesionales como Carmen Torres Lagar (con la que trabajó siendo coordinadora del Sepad), tiene muy clara cuál es su idea de Centro de Día: “Un Centro de Día, un hospital , son centros de vida, no lugares donde se aparca a las personas, no pueden funcionar como cadenas de montaje o engranaje. Me niego. Abriremos las puertas y el corazón a nuestros usuarios, los activaremos, pondremos vida a la vida. Y ahí soy una más. Siempre he sido de trabajar en la retaguardia, de arremangarme”.     

Confiesa que sólo tiene un miedo en la vida: “A estar sola a la hora de morir, no a la muerte que es un tránsito hacia otra cosa, no… Tengo miedo a morir sin estar acompañada de amigos,  sin una mano cogiendo la mía, sola de cariño...”.

Para esta mujer, que ha hecho de su extraordinaria sensibilidad su mayor fortaleza, “la utopía es seguir caminando, nunca cansarse de querer luchar por lo que es justo”. Y  que “lo que piensan los demás … es lo que piensan los demás”.

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