Sobre los nombres de las calles (1937-2017)

Del historiador Francisco Espinosa Maestre

Inauguración de la cruz de la Coronada en posguerra

Recientemente, el Ayuntamiento ha decidido rebautizar definitivamente el Camino de la Fuente como Avenida del Ejército. Existen numerosas localidades en nuestro país que mantienen doble nombre, el oficial y el popular. En ocasiones las autoridades locales han percibido esta absurda situación y han llevado al callejero el nombre que el vecindario utiliza. En este caso, según leo en La Gaceta Independiente, con el apoyo del PSOE, PP y Villafranca Avanza, ante la posibilidad de tener que cambiar el nombre de la calle, se ha optado por confirmar su designación oficial dedicada al Ejército “por sus méritos como garante de la Constitución de 1978”. Lo justifica el alcalde exponiendo que el Ayuntamiento puede “anular el motivo original, expresando su compromiso con el Ejército español democrático”.

 

En la misma sesión se decidió pasar el nombre de Jesús Yuste de la calle Gravina, que fue donde inicialmente iba a colocarse, a la calle Legión “por problemas burocráticos” y dejar el “A los caídos en todas las guerras de España”, que se colocó en la cruz de la Coronada en 1984.

Conviene recordar que casualmente este año se ha cumplido el 80º aniversario de la sesión municipal que decidió dar el nombre del Ejército a dicha calle. Ocurrió esto el 2 de julio de 1937 a propuesta de uno de los miembros de la comisión gestora apellidado Mancera, que no debe ser otro que Alfonso Mancera Alcaide, el único de este apellido que había por entonces en dicha comisión y que era propietario y administrador de la familia Lastra. Fue esa una sesión que dejó huella profunda en el callejero, ya que además de la calle indicada se aprobaron los siguientes nombres: Legión, Nueve de agosto, Defensores del 10 de agosto, Regulares Marroquíes, Héroes del Alcázar, Santuario de la Cabeza, Fal Conde, General Varela, Capitán García Morato, Teniente Coronel Tella, General Sanjurjo, Comandante García Escámez, Coronel Rada, Capitán Fuentes, Capitán Meléndez, General Monasterio, Teniente Coronel Yagüe, General Moscardó, Teniente Coronel Asensio Cabanillas, General Aranda, Capitán Cortés, Comandante Castejón, General Franco, General Queipo de Llano, Plaza de Calvo Sotelo y General Mola. De todas estas calles solo quedaban dos, la avenida del Ejército y la calle Legión. Ahora solo queda una.

He ahí la flor y nata del golpe militar de julio de 1936 y los hechos locales relacionados con la toma del pueblo: Nueve de Agosto, fecha de la ocupación definitiva; Defensores del 10 de agosto, en memoria de quienes lo defendieron de un grupo de milicianos que intentó recuperarlo el día 10, y Avenida del Ejército, en recuerdo perenne de la calle por la que entraron las fuerzas mercenarias. Sin embargo, pese a la larga duración de la dictadura, la mayoría de estos nombres no llegaron a implantarse: la gente las siguió llamando como siempre.

Por fuerza hay que preguntarse por qué no se ha decidido darle el nombre popular, que no es más que la descripción de la realidad: esa calle, hasta no hace mucho simple camino, conduce a Fuente del Maestre. El nombre oficial siempre remitirá a que por dicha calle entraron fuerzas al servicio de los sublevados golpeando las puertas con las culatas de sus escopetas en un pueblo semidesierto. Como era práctica habitual muchas casas fueron saqueadas. Estos actos vandálicos, cuyo origen hay que buscarlo en las guerras con Marruecos, se venían practicando desde que pisaron la península y estaban permitidos por los jefes militares, formados en África en su mayoría. Eso es lo que hizo aquel llamado “ejército” en ese y otros muchos lugares del pueblo, solo que en este caso la calle tuvo la desgracia de ser bautizada con el nombre que se daban a sí mismas aquellas fuerzas al mando de individuos situados al margen de la ley desde el 17 de julio.

Ya sabemos que el Ejército actual, palabra que define al conjunto de las fuerzas armadas de un país, tiene poco que ver con aquel del golpe, la represión, la guerra, la dictadura o el de los sustos continuos que culminaron el 23 de febrero de 1981, intentona esta que no fue tan inocua como se suele decir. Pero cuesta entender la decisión de mantener un nombre asociado a aquella terrible experiencia. Por muchas vueltas que se le den, ese nombre representa cualquiera que conozca un poco la historia del pueblo, igual que la cruz de los caídos de la Coronada no dejará de ser lo que fue por más que se le ponga una absurda inscripción en recuerdo de “los caídos en todas las guerras de España”. Son formas de diluir los hechos sin afrontarlos, puro escapismo.

El llamado franquismo sociológico ha tenido y tiene aún tal peso que, salvo en el momento preciso de las primeras corporaciones democráticas, siempre ha planteado serios problemas a la hora de superar el callejero procedente de la dictadura. Desgraciadamente aquella ocasión no se aprovechó a fondo. Luego, la derecha se ha ido aferrando cada vez más a su posición y el centro-izquierda parecer temer la pérdida de votos que estas reformas podrían acarrear. Ante tales dificultades, en muchas ciudades se ha acabado por dejar los nombres cambiándoles el “motivo original”.

Así, hubo ayuntamiento que para no tener que eliminar el nombre de José María Pemán, implicado en la depuración del magisterio tras el golpe, decidió renombrar su calle como “Poeta J.M. Pemán”; otros acordaron que el nombre de Ruiz de Alda, uno de los fundadores del fascismo español, pasara a denominarse “Aviador Ruiz de Alda”. Esta tendencia llegó a su apogeo cuando se decidió que el nombre de Yagüe perdurara por haber sido “Gran benefactor” y el de Queipo por su faceta de “Hermano Mayor” de una cofradía. Como vemos con estos trucos se puede conseguir lo que se quiera. Hasta Franco podría subir de nuevo al callejero por sus dotes para la caza, la pesca o la pintura. Hay cierta dosis de gatopardismo en todo esto, un deseo de apariencia de cambio para que en el fondo nada cambie. Algo así es lo que se ha hecho aquí con el Camino de la Fuente y la cruz de los caídos de la Coronada.

Me atreveré a plantear otras opciones que se pudieron y aún se pueden tomar. La cruz de los caídos, debió ser trasladada tal como estaba al cementerio, en cuyo espacio hubiera acabado conviviendo sin problemas con el memorial de los que verdaderamente sí cayeron en el pueblo. Así, todos hubieran podido ver la cruz de los “Caídos por Dios y por España” y el monumento que se erigió hace unos años con los nombres de las personas asesinadas tras la ocupación del pueblo. Hubiera sido realmente pedagógico: una clase de historia. La solución que se le dio fue exactamente la contraria: un apaño que falsifica la historia y la hace irreconocible. Y en cuanto a la avenida del Ejército debió eliminarse este nombre, al igual que todos los demás que se decidieron en aquella sesión de 2 de julio de 1937. La calle hubiera quedado con su nombre verdadero de Camino de la Fuente. Y si el Ayuntamiento quería dedicar algún espacio público al Ejército hubiera valido cualquier otro lugar. Desde luego cualquiera menos ese. De este modo, hubiera prevalecido la historia y se hubieran respetado las diferentes memorias haciendo prevalecer los valores democráticos.

Agradezco la colaboración de Isabel Díaz, Inmaculada Clemente, Miguel Alfaro y José Antonio Espinosa
                                     

Francisco Espinosa Maestre

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