Opinión. '¿Tenemos una educación realmente pública?'

Por una educación verdaderamente pública para todas las personas

La reivindicación de una educación gratuita para todo el mundo sigue siendo una demanda de extrema actualidad. Pero no sé si a veces nos damos cuenta de que tiene una triple vertiente:



1. Una enorme masa de población no tiene acceso a la educación.

Hablamos de que las diferencias entre los países ricos y pobres es enorme y no sólo no disminuye, sino que aumenta; de que muy poca población menor de 5 años tiene acceso gratuito a la educación; de que en muchos países solo una minoría accede a la enseñanza primaria gratuita; de que el acceso a una enseñanza secundaria gratuita es un lujo en buena parte de los países pobres y de que la terciaria accesible (universidades o escuelas técnicas públicas) en bastantes países es muy escasa. Es más, muchos de los estudiantes universitarios de estos países estudian fuera, en los países ricos... y, si pueden, no vuelven a sus países de origen.

Pero esto es sólo un aspecto de la cuestión, porque la educación no puede reducirse a unas edades. Todas las personas, también las adultas, tienen necesidad y derecho de aprender y desarrollarse intelectualmente. Así que también debemos hablar de cómo están cubiertas estas necesidades. Y aquí el panorama es desolador, incluido el de buena parte de los países ricos: en gran medida en manos privadas, caro -incluso el público- y casi exclusivamente orientado a competir en el mercado laboral, no al desarrollo personal o colectivo. 

Además, están las restricciones por cuestiones de sexo o de religión o las que afectan al mundo rural, que hacen su situación aún más injusta e indignante.

2. La enseñanza se está privatizando cada vez más y en todos los niveles.

Sólo en España el número de estudiantes en centros concertados (privados subvencionados con dinero público) es de dos millones, con más de 130.000 profesoras y profesores. Y no es una excepción. A eso habría que añadir el mucho más reducido número de centros privados sin concierto con la administración (lo que no quiere decir que no reciban algún dinero público directa o indirectamente).

La penetración del capital privado en la enseñanza universitaria española, por ejemplo, es alarmante. Parece que quiere implantarse un modelo similar al de Estados Unidos de Norteamérica, donde las universidades prestigiosas y demandadas son privadas y caras, con una relación fluida con las multinacionales que las financian y a quienes alimentan de personal cualificado.

La educación no puede ser un negocio, ni una herramienta de adoctrinamiento, ni un servicio gratuito que se presta a las grandes empresas seleccionando y preparando -gratis para ellas- a sus futuros cuadros y masa laboral. Todo el dinero público -de toda la gente- que se entrega a empresarios de la enseñanza es dinero que se quita de la enseñanza pública.

3. No es lo mismo enseñanza estatal que enseñanza pública.

La enseñanza estatal cumple con alguno de los requisitos de lo que debería ser una enseñanza pública: el acceso está abierto a todas las personas en edad escolar y es gratuito (aunque esto último tiene algunas restricciones porque, por ejemplo, no hay gratuidad de materiales -incluyendo en ellos a los libros-). Pero no cumple con todos: no está realmente al servicio ni del alumnado, ni de las familias, ni de las comunidades humanas -pueblos, barrios- donde se encuentran.

Para que una educación sea realmente pública la participación real y directa de todos ellos es imprescindible. Tampoco el profesorado tiene espacio para una autonomía pedagógica, para abordar métodos más eficaces, interesantes, activos y participativos. Faltan además la formación adecuada para crear respuestas concretas a las personillas concretas a cuyo servicio deberían estar y los incentivos para ello.

Financiación y control públicos, al servicio del desarrollo de las personas y de las comunidades (y no de la empresa), no al negocio educativo, no al adoctrinamiento, autogestión comunitaria, autonomía pedagógica responsable, mejor formación,  y mejores condiciones para la educación materiales y humanas... forman parte del camino y de la meta. Sin ellos no hay realmente educación pública, aunque se llame así.

Este artículo forma parte del proyecto Mudalmundo VI “Cooperando en Comunidad”, desarrollado por el Colectivo CALA y financiado en parte con dinero público a través de la AEXCID (Agencia Extremeña de Cooperación Internacional al Desarrollo)

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