Opinión: '¿Nacionalismo o tribalismo?'

“Los hombres son como los ríos, el agua es en todos la misma, pero cada uno de ellos es más angosto aquí, más rápido acá; allí más lento, allá más ancho; a veces limpio, a veces turbio; otra frío, otra cálido. Cada hombre lleva en sí los gérmenes de todas las cualidades humanas; pero a veces se manifiesta una cualidad, a veces otra y el hombre se torna diferente de sí, a la vez que sigue siendo el mismo hombre.” León Tolstoi.


El nacionalismo es un constructo cultural. Ello significa que no tiene ningún correlato con la realidad, por tanto, es una ficción, o, más bien, una ideología. Una ideología, por otro lado, bastante peligrosa, porque en el nacionalismo anidan el fanatismo y los integrismos y son el caldo de cultivo de políticas totalitarias. Es una ideología que surge en el siglo XIX, por eso no se debe confundir con el patriotismo, esto, aunque tiene sus semejanzas, es distinto. Es una reacción a la opresión de los grandes estados que tienden a uniformar y eliminar las ideosincrasias de los pueblos, cosa que ha ocurrido desde siempre, para desgracia del hombre y por su propia condición. No olvidemos que la Historia, sus cunetas, están plagadas de cadáveres que obedecen a las ideas de los poderosos, pero que pertenecen al pueblo, sumiso, engañado y esclavo que las sigue. Pues lo mismo sucede con los nacionalismos.

Las ideas nacionalistas de la identidad de un pueblo que se basa en una supuesta historia, una lengua y unas costumbres, son una abstracción, una construcción realizada por el poder y que tiene su base en una realidad social dinámica, pero una vez que se abstraen, caen en la inmutabilidad de la idea y en su idea asociada de pureza. Ya no es el pueblo el que crea su forma de vida, sino que el nacionalista presta su inteligencia y sentimientos a la idea de nación proyectada o abstraída; es decir, a una falsificación, una ideología, una alienación, por tanto; esto es, una falsa consciencia. Como todo, el origen epistémico de los nacionalismos no es más que la ignorancia. Las ideas nacionalistas se construyen a partir de la ignorancia del pueblo y es esta ignorancia la que le impide ver más allá de esas ideas nacionalistas, que todas tienen una cosa en común, el pueblo es víctima de alguien, de otro pueblo, se supone, y todos sus males son consecuencia de los demás. Es decir, que además de ignorancia, pues el nacionalista pierde el sentido de su propia responsabilidad y de la libertad de construir su propia vida, porque supone, erróneamente, que no la puede construir por culpa de otro.

El nacionalismo tiene su base en la propia condición humana. Y una de las características de esta condición es el tribalismo. El hombre, desde el paleolítico, y eso le permite la supervivencia, vive en clanes o grupos tribales que tienen su propia identidad y que se mantienen unido por las señas de identidad del propio grupo o tribu. Están en lucha con otras tribus. De modo que en el hombre primitivo nos encontramos, la cooperación identitaria con la tribu y la competencia con las otras tribus. Es decir, que hay una doble condición humana: la altruista y la violenta.
Cuando pasamos al neolítico desaparece la estructura tribal, que se apoyaba en mitos, y aparece la estructura de las ciudades y los grandes imperios. En este caso el estado de conciencia de la humanidad sigue siendo el mismo, somos animales que nos sentimos realizados por pertenecer a un grupo y estamos en guerra con el otro, porque amenaza nuestras riquezas y subsistencia. Es decir, que la consciencia es la egoica, mítica de pertenencia. Pues bien, el nacionalismo, con todo lo moderno que parece ser y, y, curiosamente, apoyado por la izquierda, que es internacionalista, no es el caso, por supuesto, en la izquierda nacionalista, sigue teniendo un estado de consciencia que podemos llamar egoico y mítico-pertenencia. Es decir, que los valores prioritarios para el nacionalista son los suyos, pero los suyos, no son los que él, independientemente y autónomamente ha construido, sino los del grupo o tribu (valores basado en mitos e ideologías) y se siente con ellos identificado; es decir, que encuentra su pertenencia y, por ello, su tranquilidad y realización personal y humana perteneciendo a ese grupo y participando de sus valores y creencias, ya digo, entre ellos está la de que la culpa de sus males es siempre del otro. Es decir, el victimismo.

Por ello, el nacionalismo es una clara ideología del XIX que dio un salto atrás a las conquistas de los valores ilustrados, incluso a la de los estoicos, que fueron los primeros que, allá, por el siglo III, antes de C. hablaron de cosmopolitismo (se declaraban ciudadanos del mundo que obedecían la ley de la naturaleza, porque las leyes de los diferentes pueblos son arbitrarias y convencionales), eso sin mencionar las filosofías como el Taoísmo que eliminan, no ya la nación, sino el estado. Introducen el principio de no acción Wu Wei: acción sin intención, tanto en el gobernante como en el pueblo.

Frente al nacionalismo es necesario conocimiento y comprensión. Si el mal procede de la ignorancia, no es más que una equivocación, lo necesario es reconocer esa ignorancia y, la verdad, es que no somos diferentes, sino que somos iguales, con manifestaciones accidentales diferentes. Lo erróneo es confundir lo accidental, con lo esencial. Y lo esencial es que somos hombres y lo accidental es que somos chinos, o catalanes, o rumanos. De ahí que el estoico Terencio afirmara aquello de que “Hombre soy y nada de lo humano me es ajeno”. Esa es la idea del cosmopolitismo que defiende el estoicismo. Somos ciudadanos del mundo e iguales y con manifestaciones diversas. Ello implica que debemos construir nuestra libertad desde la igualdad del ser humano, sin identidad cultural. Si nos identificamos a una cultura, perdemos la libertad, lo mismo si nos identificamos con un sistema omnímodo de producción que crea una consciencia (visión del mundo) como es el caso del llamado neoliberalismo, pues perdemos la libertad. De modo que el camino para salir de la barbarie nacionalista y la barbarie tardocapitalista es el conocimiento, la comprensión, la razón y, todo ello nos llevará a la libertad. Pero la Hybris que constituye la naturaleza humana no sé si nos permitirá salir de la última encrucijada de la historia. Es curioso que los nacionalistas, en este caso el pueblo catalán, (que es el que me inspira estas palabras) independentista, no vea cuáles son los problemas serios, mortalmente serios, y estén dispuestos a partirse la cara por un mito y por intereses económicos de la clase poderosa que nunca contará con ellos, salvo para que se partan la cara. Esto solo es explicable desde nuestra naturaleza tribal, nuestra consciencia mítica y de pertenencia y, por supuesto, por la ignorancia, porque todo esto fue superado hace milenios, pero ni se sabe, ni se enseña y si se enseña no se analizan las implicaciones, no solo desde la inteligencia lógica, sino desde la inteligencia del corazón, que diría Aristóteles. Por mi parte considero que para salir de este atolladero, nacionalista y neoliberal, es necesario un ejercicio de comprensión por parte de todo el mundo, lo cual implica compasión, que quiere decir que seas capaz de comprender que el otro eres tú. En fin, permanecemos a la espera, pero parece que en la historia se produce aquello de Nihil novo sub solem (Nada nuevo bajo el sol.)

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