Opinión. 'Las razones de las humanidades y la Libertad de la Palabra'

Para empezar no es una cuestión sui generis española, es una ola de la “cultura” mundial y globalizada. No interesan ni las humanidades ni las ciencias puras y fundamentales. No interesa nada que busque un por qué de la existencia, ni del mundo. No hay tiempo para ello, ni para plantearse estas preguntas, ni para deleitarse con la historia, el arte, o reflexionar con la filosofía.

 

No es que no sean saberes prácticos, que lo son, además eminentemente prácticos. Sirven, ni más ni menos, que para transformase a sí mismo y al mundo. Es que son saberes que no tienen valor, porque el único valor es hoy en día el de lo económico, lo mercantil, por eso ni las ciencias fundamentales nos sirven y las facultades de ciencias se vacían, las cierran o las refunden en un refrito. No es un tema de humanidades, porque tampoco creo en el mito de las dos culturas. Esas dos culturas no es más que una cuestión burocrática. Es una cuestión de crisis y ausencias de valores. Es un problema de reduccionismo de los valores. Ya no existe ningún valor que tenga que ver con los llamados trascendentales: verdad, belleza, bien y justicia. Todo valor se ha reducido al valor de uso que es el valor del mercado, del capital. Vamos, su valor económico. Vivimos en una sociedad plana, sin rugosidades, de la inmediatez, nihilista y egotistas, de la competitividad y el hedonismo salvaje, que vive el momento como forma de supervivencia, no como realización espiritual.

No es fácil salir de la espiral en la que nos envuelve el mundo. Es una cuestión de Psicopoder. No hay una coacción externa que nos lleve a este mundo y a este estado de esclavitud. Aceptamos libremente nuestra esclavitud, sin darnos cuenta, el psicopoder, nos hace siervos y obedecemos sumisos sin percibir que lo hacemos. Nos percibimos como los hombres más libres que nunca han existido, sin embargo obedecemos al sistema, Al Poder, sin capacidad de disidencia. La disidencia no existe, está condenada al ostracismo, no existe nada más que aquello que se puede observar por los medios de desinformación y control que, ahora, se han vuelto virtuales. Es la realidad virtual la que existe y en la que vivimos, ya no podemos bajarnos de ese tren arrollador. Estamos sumergidos en el fondo de la caverna, en las tinieblas. Nos hace falta Luz, es decir, Logos. Nos hace falta la palabra para redimirnos, para remover nuestras consciencias. Necesitamos el discurso del verdadero Logos, el discurso socrático, frente a la farsante retórica del psicopoder que es la seducción. Nos hace falta la ironía. Es decir, que nos podamos ver a nosotros mismos y nos demos cuenta de lo patético que somos, lo superficiales, que veamos desde lejos las cadenas que nos atan y nos esclavizan al mundo de la seducción, de la pseudolibertad. El Logos, la palabra, es lo único que nos puede hacer libres, pero ese camino de la libertad, no es un camino de rosas, es un camino escarpado, difícil y peligroso. Se necesita un alma fornida y casi heroica para seguirlo. Es el camino del desaprender, de revolverse contra las cadenas de la seducción, contra los fantasmas invisibles que han vuelto normal lo que es meramente idiota, superficial y destructivo, tanto de nosotros como del mundo. Y sólo el Logos nos puede salvar porque a través de la razón podemos recuperar la libertad, la palabra y el lenguaje nos permiten pensar. Por eso es la verdadera palabra la que nos puede permitir trascender las falsas palabras de la seducción y, de esta manera, conquistar la libertad.

Y, una vez que conquistemos la libertad ya no seremos esclavos del relativismo, del todo vale, ni de la seducción, veremos un horizonte y querremos transformar el mundo, no vivir sumisos. Pero se me antoja que esto es una tarea que, o bien es de superhombres, o bien requiere un cambio de la consciencia humana inmenso. Se trata de pasar de una consciencia mítica-egoica, que es la que tenemos, a una consciencia racional y, más allá aún, pluralista y cosmocéntrica, en la que el ego sea una parte del cosmos, de la humanidad, no de su pueblo, su dios o su cultura. Hemos de trascender los mitos y las creencias. La tecnociencia, con la economía a la cabeza, se ha transformado en un mito, si no lo trascendemos pues seremos esclavos del Psicopoder que nos seducirá con la magia de las tecnologías. En el Psicopoder están los nuevos redentores, es necesaria una nueva estirpe de hombres, que diría Nietzsche, que nos muestre el engaño inmenso en el que vivimos y abran el camino a esa nueva consciencia.

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