Opinión. Juan Pedro Viñuela: 'Ya está bien'

Viñuela: "Sacar ahora el franquimo no viene a cuento. El franquismo es una forma de fascismo que no tiene nada que ver con la democracia parlamentaria que tenemos"

Uno empieza a estar ya cansado, más bien harto, de tanto insulto que viene recibiendo desde hace años por parte de un sector de la población española, que son los independentistas catalanes. Y no es que yo sea ni de derechas, porque claro, ahora, como cuando no se piensa se simplifica todo, pues hay que aclararlo, ni constitucionalista, ni franquista, ni partidario del llamado régimen del 78. Lo más cercano que yo tengo es el anarquismo libertario. Anarquismo en el sentido en el que habla Chomsky, que es una democracia perfecta. Es decir, un ideal político para la razón práctica, no algo que exista. No se pueden confundir y eso ya nos lo aclaró Kant.

 

El nacionalista confunde su relato inventado, por lo demás, con la realidad alcanzable. Y libertario en el sentido en el que defiendo la libertad, de la persona y su dignidad, por encima del estado. O, que el estado tenga, como máximo valor la libertad de los individuos. Libertad política y libertad ontológica. Es decir, que ser libres no es que te dejen ser libre, sino atreverte a serlo. No se alcanza la mayoría de edad, o la libertad de forma automática.

Vamos a ver. El nacionalismo es una ideología y, como toda ideología es alienante. Es decir, una falsa consciencia. El nacionalismo es un conjunto de cuentos, historias y creencias forjadas por el poder para dominar al “pueblo”. Por eso es falsa consciencia, porque el pueblo se identifica con lo que no es. Es decir, que confunde su naturaleza. Es necesario señalar que  no existe algo así como el pueblo. Sólo existen individuos que, si son libres hacen un contrato social para contruir un estado. Lo de la nación es un paso atrás en la ilustración para adentrarse en el tribalismo paleolítico.

El nacionalismo surge en el siglo XIX como respuesta al espíritu ilustrado. Aparece dentro del romanticismo y bebe de él. De lo que se trata es de forjar una historia ancestral de un pueblo, pueblo que se inventa, porque nunca ha existido un pueblo, eso es otro concepto del XIX. El caso es que esta ideología surge como reacción al vacío que la razón ilustrada deja tras la crítica a la religión. La religión fue la forma de cohesión anterior a la Ilustración, de ahí lo de las cruzadas, la guerra santa y las guerras de religiones. Pero cuando el discurso religioso es desenmascarado por la razón el pueblo no tiene con qué identificarse, ni individual, ni colectivamente. De ahí que surja el concepto del espíritu del pueblo. Pero para ello hay que inventar una historia común, unos heroes legendarios, unos orígenes ancestrales, una lengua común, unas leyes originarias ancestrales y todo ello vuelve a dar cohesión al pueblo y éste comulga con esa ideología de tal forma que se aliena, que tiene una falsa consciencia. Por otro lado, el concepto de nación-pueblo, es excluyente, frente al concepto ilustrado de asociación libre de repúblicas libres de la Ilustración (Kant: “El fin de la historia”)

Claro, y es esa identidad excluyente la que siempre han utilizado los poderosos para dirigir al pueblo en favor de sus intereses particulares. Pero, claro, como esos intereses están en colisión con los de otros, pues hay que ser excluyentes. Pero, es curioso, la manera de ser excluyente cualquier nacionalismo es desde el victimismo. Por eso el nacionalismo es una minoría de edad. El victimismo lo que hace es culpar al otro de nuestros males. Es decir, eliminamos toda nuestra responsabilidad, delegamos nuestra libertad de ser y pensar en nuestros dirigentes y sentimos que nuestros males vienen de los otros. No olvidemos: España nos roba, ahora, España nos oprime y recientemente, España nos reprime por la violencia. Es muy simplón y gracioso este engaño, o sería gracioso si no escondiese tanto rencor, odio y resentimiento de por medio, que es lo que el poder pretende que generen las ideas nacionalistas, cualquier nacionalismo, porque ya lo estamos viendo en el nacionalismo español.

El victimismo, por su parte, hace que el nacionalismo invente una falsa historia sobre los otros, ello mantiene su identidad y el espíritu de lucha. Porque el victimismo sólo puede generar odio, rencor, resentimiento,… Y en nuestro caso es lo que está ocurriendo.
Por ejemplo, en el caso del nacionalismo catalán, que es el que está en auge, en el espñol ocurre igual y, en su última versión lo hemos padecido durante cuarenta años…todos, por cierto. Pues decía que se inventan historias de opresión sobre España, en este caso. Desde hace unos treinta años se nos decía que España nos roba. Esto es un insulto que hemos soportado pacientemente, o indolentemente el resto de los españoles. Sobre todo andaluces y extremeños a los que se nos calificaba de perezosos. Es irrisorio como se puede decir de un pueblo que es emprendedor y de otro que es perezoso, como si eso es algo que estuviese en los genes, lo que geográficamente es hoy cataluña, o el más extenso, el reino de Aragón ha estado muchas veces en la ruína, no serían tan emprendedores, en fin…ahí está la historia, que se puede interpretar, pero no inventar como hace el nacionalismo.

Ahora, en los momentos de más tensión, se dice que el estado español es franquista y que siguen bajo el yugo de Franco, pero, hombre, por dios, como si hubiesen sido los catalanes los únicos que sufrieron a Franco. A Franco lo sufrimos todos por igual. Aquí me gustaría puntualizar alguna cosa. Para empezar, a Franco lo padecimos todos. Pero, es más, en casi todo el sur, por donde entró la llamada columna de la muerte, ver la obra de Francisco Espinosa Maestre, no hubo, ni guerra. Me refiero con esto, que hubo un paseo triunfal, no hubo frente republicano, no hubo ejército,  se llegaba a los pueblos y se iniciaba el plan de exterminio y genocidio de todo republicano y persona de izquierda o atea. Fue un genocidio planificado y sin posibilidad de lucha. En todos los pueblos del suroeste están enterrados cientos de personas, de cada pueblo, en tapias, cunetas, cementerios. En definitiva, en fosas comunes. Por otro lado, y esto es necesario conocerlo, porque se tergiversa la historia, Campanys fue destituido de forma isofacta por el presidente de la República en el 34 por declarar la independencia de Cataluña y fue encarcelado. Posteriormente fue excarcelado y exiliado y cuando vuelve a España es cuando Franco lo fusila. Es decir, que es un orden legal y, además, republicano, sin ningún rey de por medio, a lo que los catalanes parecen tener alergia y culpar de todo, el que encarcela al presidente de la Generalitat. Por otro lado, el ejército franquista, el que se alzó dando un golpe de estado, cosa que los del PP de hoy siguen sin reconocer, hecho muy grave y que alimenta al nacionalismo catalán, con razón, porque es más que sospechoso, fue financiado por la alta burguesía catalana. Claro, si esto se hace es porque se quiere algo a cambio. Y ese cambio se hizo por medio de favores, lógicamente. Hubo un impulso del desarrollo en Cataluña y el País Vasco. El sur, concretamente Extremadura y Andalucía, quedó desierto y en mano de los latifundistas de siempre que seguían un régimen casi feudal. El hambre fue atroz y cuando comienza el desarrollo en los 50-60, esta población emigra al País Vasco y Cataluña, además de a Europa: Francia y Alemania, fundamentalmente. Los pueblos quedan vació y sin posibilidad de desarrollo. Las infraestructuiras no llegan, la industria, sin infraestructruas de comunicación no se instalan. Ahora bien, en el País Vasco y Cataluña el Estado franquista sí desarrolla esas infraestructuras. De modo que el franquismo nos reprime a todos y de forma cruel y lleva a cabo un programa de exterminio y genocidio que comienza por el suroeste y se estiende a todo el estado.

Sacar ahora el franquimo no viene a cuento. El franquismo es una forma de fascismo que no tiene nada que ver con la democracia parlamentaria que tenemos. Lógicamente, no soy ningún ingenuo, ni los partidos anticapitalistas me van a enseñar ahora que realmente no estamos en democracia, llevo más de 20 años diciéndolo en clase, en público, oral o por escrito que vivimos en una plutocracia, o en una partitocracia oligárquica. La democracia es la cascarilla, pero esa democracia, por muy plutocracia que sea, no es un fascismo, ni un franquismo, a pesar de que la constitución del 78 fuese, de alguna manera, una continuación del régimen, pero sin fascismo. Claro que hay que cambiar la constitución de 78, pero esta constitución, heredera de los poderes fácticos del franquismo, no sólo molesta a los victimarios catalanes, sino a mucha otra gente. Y, perdón, pero esa constitución, junto con la ley electoral, es la que permite que los partidos nacionalistas estén representados en las cortes generales, lo cual es una barbaridad, a no ser que viviésemos en un estado federal, claro. Y, por otro lado, fácticamente, el hecho de que los partidos nacionalistas hayan tenido la posibilidad de entrar en las cortes generales ha perjudicado a partidos, que se han llamado minoritarios, pero que tenían infinitamente más votos que ellos, como IU, pero muy pocos diputados, lo cual ha permitido que este país, cuando no ha habido mayoría absoluta ha sido gobernado, literalmente, por los nacionalistas y se ha desaprovechado siempre alrededor de un millón de votos de la izquierda. Esa que ahora clama un sector del independentismo catalán. Otra cosa que no entiendo. A cuento de qué está la izquierda anticapitalista en este grupo, qué pensarán que vendría después de una supuesta independencia. Estos anticapitalistas pertenecen al grupo que llamaba Marx de los comunistas utópicos y que criticó ferozmente por caer en el idealismo. Ya sabemos, bueno, no lo sabemos, porque ni se enseña, ni los partidos de izquierda lo dicen, que la tesis de la izquierda es que es la base material, el sistema de producción, el que determina mi conciencia y no mi conciencia la que determina mi ser social. Dicho de otra manera, que pensamos según las condiciones sociales en las que vivíamos. Esas son las que transforman nuestro pensamiento y crean nuestra ideología. No es nuestra ideología (falsa conciencia o conciencia alienada) la que transforma la realidad. Se puede o no estar de acuerdo con esto, ni si quiera Marx lo vio así de radical, pero, bueno, es parte de la doctrina de la izquierda. Por cierto, izquierda que para ser legalizada en España hubo de renunciar al marxismo: tanto el PCE, como el PSOE. Claro que hay opresores y oprimidos, hay una lucha de clases, entre los ricos y el resto de la humanidad, y, por cierto, la vamos perdiendo, Quizás esto, junto con el problema ecosocial, que es lo mismo, pero en grande debería ser nuestra preocupación, no estas rencillas que sólo generan odio y, como decía el sabio Spinoza, el odio no es bueno. Y digo esto porque la supervivencia de la humanidad está en el problema que he señalado antes, no en la independencia o no de Cataluña, que por cierto, independencia, ¿de quién? Hoy en día no existe la independencia. La globalización económica obliga a la interdependencia y es la que nos domina a todos bajo el psicopoder.

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