Opinión. 'El totalitarismo actual'

En las sociedades actuales posmodernas, del hipercapitalismo, o el capitalismo bárbaro o sin bridas, el totalitarismo se presenta de la forma más sutil. El individuo, supuestamente ciudadano, con todos sus “derechos” se hace esclavo, deviene tal, sin tener consciencia de su esclavitud. El Psicopoder, a través del lenguaje (y todas las formas de seducción), vehículo del pensamiento, le hace esclavo: sumiso y obediente. Lo convierte, incluso, en su propio explotador: esto es lo que se esconde detrás de todo el discurso del “emprendimiento” y la adaptación continua a un mundo laboral que no para de cambiar.

 

El hombre ha de ser flexible y adaptable; esto es, las circunstancias lo dominan en lugar de ser él el dueño de las circunstancias y, por otro lado, todos los demás se convierten en sus competidores. De esta manera nunca se podrá realizar la fraternidad, al contrario, nos encontramos en la idea del darwinismo social (una falsa interpretación de la evolución) en la que el valor que prima es el de la supervivencia del más apto, la guerra en forma de competencia. El totalitarismo que emana del Poder nos aísla, nos separa, nos vacía nuestra mente de contenidos éticos, es decir, nos deja sin valores, salvo el de la productividad y adaptabilidad. De ahí que caigamos en un nihilismo absoluto que nos lleva, curiosamente, a buscar la sanación en el propio sistema, en sus mercaderes y, de esta forma la sanación, las terapias, tanto oficiales, como alternativas, se convierten en una forma de asesinato de nuestro yo esencial.

Mirar desde fuera toda esta apariencia es despertar del engaño, del gran engaño que se teje por todo lados y que nos convierte en hormiguitas esclavas que trabajan aisladamente por el sistema. Es necesario recuperar la consciencia de lo que llevamos dentro en tanto que somos humanos y de los valores de la fraternidad, la igualdad y la libertad. Mientras que no demos el salto de conciencia, de una consciencia mítica-egoica, a una consciencia racional, libre y autónoma, seguiremos siendo esclavos y por mucho que hablemos contra el Poder no podremos hacerle ningún daño, porque el Poder condena al disidente al ostrascismo; es decir, a la inexistencia porque no está en los medios de control y desinformación de masas.

El totalitarismo introducido por el psicopoder nos convierte en esclavos alegres y divertidos. En esclavos inconscientes que asumimos que así son las cosas, no las analizamos. El pensamiento políticamente correcto no nos deja ver más allá. Todo es tiniebla más allá del mundo interpretado que se nos ofrece a modo de eslogan. Y el mundo aprente en el que vivimos se nos presenta de forma seductora, pero esa seducción es una forma de llevarnos a la soledad, la esclavitud y el nihilismo. Y cuando nos encontramos en esta situación se nos ofrecen unas pastillitas de autoayuda que no son más que una gran mentira, mito e ideología.

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