Opinión. 'Desarrollo comunitario: desde la comunidad, con la comunidad y para la comunidad'


El concepto habitual de desarrollo económico no tiene nada que ver con la expresión “desarrollo comunitario”. Más bien es todo lo contrario. Primero, porque se refiere esencialmente a lo económico (producción y consumo de bienes, capacidad tecnológica, balanza comercial y de pagos...). Esto puede adornarse con otros indicadores, pero estos se entienden realmente como subordinados a lo económico y secundarios. Segundo porque, se disfrace como se disfrace, identifica desarrollo con crecimiento; es decir, con producir y consumir más, sin importar la injusta distribución ni las agresiones a la tierra, a las aguas, al aire, a la fauna, a la flora...



¿Qué es, entonces, desarrollo comunitario? En realidad, de fondo, la diferencia fundamental está en el adjetivo -comunitario- y no en el sustantivo -desarrollo-. El punto de partida son las necesidades reales de la comunidad (del pueblo, de la comarca, del barrio... según su ámbito). Es más, el punto de partida son las necesidades insatisfechas. Es decir, una comunidad -un colectivo, sería más preciso- se moviliza ante la insatisfacción de sus necesidades básicas e inicia un proceso participativo, precisamente para satisfacerlas. Hay, pues, un punto de partida en el que un grupo significativo del pueblo o del barrio decide ponerse en marcha y asumir su protagonismo: se cansa de esperar soluciones de arriba y de fuera y, tal vez confusamente, decide construir soluciones desde adentro y desde abajo.

El proceso no tiene sentido sin la participación del resto de la gente del pueblo o del barrio. Y esta participación no puede ser sólo aparente, no puede haber una minoría que dirija y una mayoría que siga a los líderes. Eso no es participación comunitaria. Esto no significa que todas las personas tengan la misma participación -dependerá de su tiempo, de sus ganas, de sus capacidades...- pero sí la misma posibilidad. Así que, para que haya un desarrollo comunitario es absolutamente imprescindible que se pongan en marcha estrategias que faciliten la participación real de quienes habitualmente no participan. Aquí es donde se juega el proceso, ésta es la clave.

Evidentemente, no hay desarrollo comunitario si el objetivo final no es la satisfacción de las necesidades de las personas del pueblo: de las que tienen como personas y de las que tienen como pueblo, intentando por todos los medios que ambas confluyan y que en la medida en que satisfagan las personales, se satisfagan las colectivas... y viceversa.

Pero, ¿de qué necesidades estamos hablando? Por supuesto de las económicas. Hay necesidades básicas de alimento, vivienda, vestido, protección... que son esenciales. Pero no es esencial, ni mucho menos, hacerse ricos. Ni consumir cada vez más productos innecesarios, tal vez sumamente costosos, tal vez sumamente perjudiciales. Ni estar obsesionado con ganar, con acumular... Eso, en muchos sentidos, no es más que una enfermedad mental. Sólo es necesario “bienvivir”. El desarrollo comunitario no se orienta a que un pueblo se haga rico, mucho menos a que se hagan ricas unos cuantas personas del pueblo -o de fuera-. Se orienta a que las personas tengan sus necesidades básicas bien satisfechas, sin agobios.

Pero ésta, que tal vez sea la primera, no es ni mucho menos la única necesidad que pretende satisfacer el desarrollo comunitario. Las personas necesitan ser valoradas, ser tenidas en cuenta, ser participantes de la vida del pueblo... y de su proceso de desarrollo comunitario. Para ello las personas tienen que poder “hacer cosas juntas”, porque es “haciendo cosas juntas” como aprenden y cambian y maduran y se van construyendo a sí mismas. Porque “haciendo cosas juntas” las personas comparten análisis, para comprender las situaciones, los problemas, los conflictos... comparten propuestas y comparten decisiones. Y se sienten personas valiosas.

Esta participación se orienta al trabajo, al trabajo preferentemente cooperativo en una economía alternativa y solidaria. Pero también se orienta a la política, a que cada persona sea tenida en cuenta en las decisiones que le afectan, porque afectan a todas, a que se avance hacia una democracia directa y real.

El proceso de desarrollo comunitario abarca muchas realidades complementarias, es sin duda complejo y lleno de obstáculos... pero creemos sinceramente que no hay otro camino para las poblaciones discriminadas, muy especialmente para las pequeñas poblaciones rurales.

Este artículo forma parte del proyecto Mudalmundo VI “Cooperando en Comunidad”, desarrollado por el Colectivo CALA y financiado en parte con dinero público a través de la AEXCID (Agencia Extremeña de Cooperación Internacional al Desarrollo)

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