Opinión. 'Bloquear o Ilustrar'

Recientemente un amigo ha tenido que bloquear a una serie de personas que se dedicaban al insulto fácil, sin argumentación y a la descalificación del individuo por sus opiniones, bastante fundadas. También ha sido mi caso en los últimos días. A estos señores en las redes sociales se les suele llamar trolls, pero yo creo que la cosa es mucho más profunda.
Siempre he creído en el diálogo como forma de conocimiento y de entendimiento. Pero el diálogo es una mediación. Es decir, que cuando se dialoga se parte de una posición ética y una posición epistemológica.

 

La segunda es que cuando uno entra en diálogo con alguien en torno a una tesis que defiende sobre cualquier cuestión, humana o divina, lo hace partiendo de la premisa de que puede estar equivocado y el otro tener la razón, nunca la Razón, además, debe partir del hecho de que el diálogo significa que el Logos, la Razón, es lo que tenemos en común para acceder a la verdad y el conocimiento, por un camino difícil y tortuoso, pero alumbrado por la luz de la razón que es común. Ya lo dijo Heráclito, El Logos es lo común. Pero, además dijo que el mundo de los que duermen es diferente para cada uno y el de los despiertos es común. Pues bien, eso que los hace común, es el Logos, lo que llamamos la Razón. El gran invento griego fue éste precisamente, que la razón es accesible a todo el mundo, que es democrática, por eso son los inventores de la democracia. Nadie es poseedor de la razón. La razón es la que habita en el vacío del ágora, donde los ciudadanos van a dialogar, no a imponer sus verdades, a criticar, ni predicar…Esto supone, además, que si la razón es lo común para entender el mundo, el mundo se rige, también, por el Logos, por la razón, es accesible a la razón si utilizamos el diálogo, si estamos despiertos, pero si nos empecinamos en nuestras opiniones, que no son más que creencias que nos esclavizan y tiranizan y que pretenden esclavizar a otros, de ahí el fanatismo, pues no vamos a ninguna parte.

Decía que había otra cosa que presupone el diálogo y que es de carácter ético. Pues bien, es la tolerancia y el respeto. Y la tolerancia no supone aguantar el supuesto error del otro, escucharlo como el que oye llover y no quemarlo en la plaza pública. La tolerancia y el respeto se basan en que el otro es otro yo, es un igual, otro invento griego, claro. Y, como tal, tiene la misma dignidad que yo me doy a mí mismo, con lo cual es objeto de respeto, piense lo que piense, ahora bien, todo lo que piense es objeto de diálogo, de crítica, pero racional, desde el respeto a la persona. Incluso es mi obligación, como persona, la crítica, en sentido de ilustrar, si creo que está equivocado, porque hay opiniones muy peligrosas. De lo que se trata es de que mis opiniones no me tiranicen, sino que se conviertan en ideas a las que llego por medio del diálogo, eso es el estudio, dialogar con el resto de la humanidad, ya sea el vecino o el catedrático de universidad. De modo que sin esa actitud ética del respeto, que presupone que todos somos ciudadanos iguales, es imposible el diálogo, por el contrario, lo que surge es el fanatismo y la violencia.. Todo esto se conquistó en Grecia, en Atenas, más concretamente. Se olvido con la oscuridad y el fanatismo, que aún perduran disfrazados de otra forma. Se reconquistaron estos valores en una segunda Ilustración. Y los ilustrados pensaron que por medio de la educación universal se transmitirían estos valores: igualdad, libertad, fraternidad y que todos seríamos ciudadanos, pero su optimismo se equivocó, porque la educación no es pura, ni inmaculada y porque la condición humana es la de la servidumbre voluntaria, no la de la libertad que se basa en la valentía y el esfuerzo. Y la educación se convirtió, hasta la fecha, en un instrumento del poder político-económico, a través de la cual se transmiten los valores que interesan. No se enseña a ser libre, ni a ser ciudadanos, ni a pensar (que es dialogar, no resolver un problema de matemáticas, esto es un pensar lógico, meramente, por mucha importancia que se le quiera dar), ni a escuchar, ni a ejercer la fraternidad,… todo esto brilla por su ausencia e, incluso, ni existe.

Pero, encima, como hoy en día, no sólo educa la educación, sino los medios de desinformación y control de masas, pues resulta que los valores que se transmiten son muy otros que los defendidos por la Ilustración y que, supuestamente, nos iban a hacer personas, no esclavos. Y en éstas han surgido el fenómeno de las redes sociales en las que cada cual puede decir y opinar de lo que quiera, como si estuviese en un bar, con cuatro copas de más y sentando cátedra de lo que no tiene ni idea. Se ha ensalzado el valor de la opinión, porque se ha confundido el respeto a la opinión, con el respeto a las personas. Por eso, el personal se siente muy herido si no se piensa como él lo hace, por un lado, y se siente con todo el derecho, de criticar, insultar, calumniar a todo aquel que defienda una opinión, por muy fundamentada empíricamente que esté y muy razonada, simplemente porque, dicen, ellos tienen derecho a opinar libremente (las opiniones no son libres, proceden de los prejuicios, las creencias infundadas, todo aquello que desde la más tierna infancia nos condiciona y esclaviza, las opiniones están para trascenderlas). Pues no señor, ellos tienen derecho a opinar, para aprender, no para calumniar y saltarse la dignidad del otro. En definitiva, nada nuevo bajo el sol. Las redes sociales sólo amplifican las cualidades humanas y, entre ellas, brilla la estupidez y la servidumbre, la esclavitud. Los valores ilustrados se han echado ya muchas veces por la borda, pero, en realidad, nunca se los ha pretendido implantar, son demasiado peligrosos, producen ciudadanos, individuos libres. No obstante, tengo mis dudas sobre la condición humana, con todos mis respetos, porque cada cual está en su momento evolutivo, con sus circunstancias que lo condicionan…pero creo que el hombre, como decía Fronm, tiene miedo a la libertad. Porque la libertad duele. Para empezar tienes que enfrentarte a ti mismo y a todo el conjunto de mentiras que has construido para mantener tu identidad en el mundo, pero todo eso es apariencia y desaprenderlo, duele, es necesario el coraje y el valor.

En un mundo en el que se nos pretende convencer de que todo es claridad, de que hay más información que nunca, lo que hay de fondo es una temible y terrible oscuridad, una esclavitud encubierta, gobernada por el psicopoder que, entre otras cosas nos hace pensar que somos libres porque opinamos en una red social. La red social no es más que un sistema de propaganda y de control, no de ejercicio de la libertad. Estamos asistiendo a la mayor época de oscuridad, frente a la luz de la Ilustración y de esclavitud (psicopoder) que jamás haya existido.

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