Opinión. 'Apuntes ante el derrumbe'

Siguiendo a Foucault podemos decir que la educación es un sistema disciplinario de poder, es decir, una forma de adoctrinamiento siguiendo las pautas de la autopropaganda y de la perpetuación del poder. La escuela no enseña a vivir, sino a acumular una serie de conocimientos que tienen como fin la eficacia en un sistema mercantil en el que todos somos intercambiables. Pero Foucault hablaba del poder disciplinario, era un poder que disciplinaba al cuerpo.

 

Estaban la educación, los hospitales, los psiquiátricos y las cárceles. Hoy la cosa sigue siendo igual, de lo que se trata es de domesticar, de mantener al ciudadano en su estado de minoría de edad. Pero hoy el poder disciplinario se ha sustituido por el psicopoder que actúa domesticando la mente por medio de su transformación. Son los medios de comunicación de masas, los medios de control y domesticación, los que nos convierten en los nuevos siervos del  sistema. En los transmisores del poder. No es posible la revolución, porque vivimos en Matrix, en la ignorancia, no saber que no sabemos.

Por otro lado, no es la revolución como mecanismo de cambio social la que puede solucionar los problemas, a parte de que a estas alturas, ya no hay solución del problema, se trata de salvar al mayor número posibles de personas del naufragio en el que ya estamos. Por el contrario, es necesario un cambio en la conciencia. Sólo si cambia el individuo cambia la sociedad, y esta sería la gran revolución, porque supondría el paso de una consciencia egoica a una consciencia universal y, por tanto, con capacidad de ejercer la fraternidad y la compasión. La acción está dentro. Y ella conllevará la acción sin intención de la que habla el taoísmo. No se trata de no hacer nada, sino de no hacer con intención. En el momento en el que hay intención hay un juicio. Y en el momento en el que juzgamos entonces nuestra visión se nubla, no hay discernimiento, hay buenos y malos, y nosotros somos los buenos, claro. Pero hay que asumir toda nuestra responsabilidad, no somos los buenos, el orden establecido existe por nuestro consentimiento, somos cómplices. No podemos hablar del poder como algo ajeno, sino como algo en lo cual participamos, por eso no hay transformación social y toda transformación social ha dejado las cosas tal y como estaban, no es mejor el mundo ahora que hace diez mil años. El mal sigue existiendo. Y el mal no tiene medida. Por ello, sólo la transformación de nuestra conciencia será una revolución. Y esta transformación tampoco tiene intencionalidad, se da porque sí. Ni juzgar, ni convertirse en víctima, sino responsabilizarse. Es decir, tener el coraje de ser libres y asomarnos al interior de nuestra conciencia. A los demonios que esconden nuestras emociones y, cual alquimistas, ser capaz de transmutarlas.

En este sentido la educación es una pieza más del engranaje, una piedra más en el muro. La educación sigue el modelo disciplinario, y no es que yo esté con los que dicen que se aprende jugando, sino que la educación tiene como fin, simplemente, la empleabilidad, no la de crear ciudadanos libres y autónomos. Ni creativos, la creatividad, hoy en día, se ha confundido con el marketing del mercado. Se ha reducido a la producción económica, a la competititvidad. El conocimiento se ha reducido al conocimiento de las técnicas para triunfar en el mercado, se ha confundido al creador, con el emprendedor (empresario, una persona muy digna, por cierto, pero no el modelo único de ser humano), una categoría reduccionista de ser persona que nos instala en la competitividad, en la conciencia escindida, en el dolor de la separación, la lucha.

Esos son los valores que se aprenden en la educación. Ese es el curríulo no escrito. Y los reformadores de la educación, no pretenden enfrentarse a esto, al contrario, están en este modelo educativo y quieren crear el engaño de lo contrario. La educación, si quiere ser la base de la transformación social, tiene que educar a personas, tiene que volver a los ideales de la educación en la Ilustración. Ser personas, ser libres. Igualdad, libertad y, sobre todo, fraternidad. Luego el conocimiento tiene su importancia, pero es instrumental, sirve para desarrollar estos valores, no para la empleabilidad. Pero todo ello solo es posible si hay un cambio de paradigma en toda la sociedad y éste solo es posible con un cambio en la conciencia, como señalamos antes.

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