Los pozos de nieve

"Artículo destacado del mes", de Manuel García González, en su sección "La memoria del paisaje" de la edición impresa del mes de noviembre 

Pozo de la Nieve de Salvatierra de los Barros

A pesar de que pocos elementos meteorológicos son tan ajenos a nuestra geografía como la nieve, antaño existieron – y aún hoy se pueden contemplar los restos de algunos- unos elementos arquitectónicos cuya función y objeto giraba alrededor de ella. Se trata de los “Pozos de la Nieve”, antiguos depósitos de nieve que cumplían una función hoy desaparecida y olvidada y de los que existían varios ejemplos en nuestro entorno. La extraña misión de estos neveros artificiales no era otra que la de proveer de hielo a las poblaciones cercanas.

 

Este era un caro elemento recetado por los médicos para, entre otras cosas, apaciguar los procesos febriles. También se usaba para conservar los alimentos frescos durante un determinado tiempo. Pero lo que disparó su consumo – y lo encareció aún más- es que a partir del siglo XVIII comenzó a difundirse entre las clases más pudientes la costumbre de tomar bebidas refrescadas con hielo, algo que denotaba lujo y ostentación. Para conseguir el hielo se transportaba nieve mediante mulas y burros desde neveros de montaña, bien de Ávila o del norte de Extremadura. El viaje lo realizaban de noche para evitar en lo posible el derretimiento y la nieve e transportaba prensada en bloques. En algunos neveros se utilizaron también lo carámbanos que eran recogidos cada mañana de invierno en pilas y abrevaderos. Este era un material más cercano pero también de peor calidad. Una vez en el pozo, que no era  sino una especie de gran depósito subterráneo construido en un lugar fresco – como la umbría de un cerro- se acumulaba la nieve en capas que eran comprimidas mediante pisones y separadas a tramos con capas de paja que servían de aislante.  Con la presión, la nieve se iba convirtiendo en hielo que sería extraído a lo largo del año según la demanda. Los depósitos contaban con una bóveda que aislaba de las temperaturas exteriores y con una escalera en espiral junto a la pared que permitía acceder a los trabajadores. Cuando en el siglo XIX comenzaron a implantarse las primeras fábricas de hielo, el precio de este descendió y la actividad de los Pozo de la Nieve comenzó a tambalearse. Pero no fue hasta mediados del siglo XX cuando se generalizaron las neveras caseras, lo que acabó definitivamente  con una curiosa actividad de siglos.

Algunos de estos neveros se mantienen aún, debatiéndose entre el abandono y la desaparición, muchas veces si recibir la atención que merecen. Uno de ellos y sin duda el más espectacular de nuestro entorno, es el que se encuentra en Salvatierra de los Barros, declarado Bien de Interés Cultural. Consta de dos torreones y fu mandado a construir en el siglo XVI por  los señores de Feria para abastecer de hielo a su señorío. Otro caso curioso, pero mucho más antiguo, lo encontramos en el pozo de la nieve de Mérida  (cercano a la calle Reyes Huertas). Su construcción data de la época romana y su uso se mantuvo hasta la época moderna. También es destacable el que existe en Guadalupe, construido para abastecer de hielo a los hospitales de la localidad. Existen otros ejemplos en San Martín de Trevejo, Villar del Rey y Garganta. Otros pozos de Nieve, en cambio, han desaparecido. En nuestra comarca podemos encontrarnos con referencias acerca de estos antiguos frigoríficos en Hornachos y en Villafranca, aunque en ninguno de los dos casos queda más que la tradición oral y la huella en la toponimia. En el caso del segundo, se localizaba en las inmediaciones de la carretera que hoy discurre entre Villafranca y La Fuente.

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