La Gaceta Independiente ha elaborado para el Ayuntamiento de Almendralejo un vídeo que pretende transmitir un mensaje positivo sobre el tiempo pasado y las necesarias precauciones a tener en cuenta

¿Y si un beso pudiera llegar a matarme?

En la sección ‘El artículo destacado del mes’ publicamos este interesante artículo, recogido en la edición impresa de octubre, a cargo de María Victoria Gil Álvarez, presidenta de la Asociación Extremeña de Alérgicos a Alimentos (AEXAAL)

Fuente: almendralejoaldia.com

No, no se trata de una pregunta cargada de altas dosis de histeria, sino de uno de los muchos peligros a los que se enfrentan, en su día a día, aquellas personas que padecen alergias alimentarias.

La hipersensibilidad alimentaria o alergia a alimentos se describe como la reacción adversa que presenta un individuo tras la ingesta, contacto o inhalación de un alimento, con una causa inmunológica comprobada. Este tipo de reacciones adversas son conocidas desde la Edad Antigua, tal como queda reflejado por Hipócrates en su Corpus Hipocraticum (siglo V a. C.), quien describió problemas gastrointestinales asociados a la ingesta de la leche de vaca. Aunque si una afirmación llama poderosamente nuestra atención es “Lo que para unos es un alimento, para otros es amargo veneno”, enunciada por Lucrecio, cuatro siglos más tarde, en su Rerum Natura.

En el mundo occidental, el número de afectados por esta patología no para de crecer silenciosamente. Por ello, en 2013, la World Allergy Organization (WAO) dedicó la celebración de su Semana Mundial a las alergias alimentarias, y lo hizo bajo un lema muy ilustrativo de la situación actual: Un problema de salud pública emergente a nivel mundial. La prevalencia de esta enfermedad es cada vez mayor y actualmente se estima que afecta a un 8% de la población infantil y a un 3% de la población adulta.

Los factores que determinan que un individuo tenga mayor predisposición a sensibilizarse frente a un alimento son muy diversos; algunos están directamente vinculados a la genética, sin embargo, otros, como las condiciones ambientales, responden a causas externas, o emocionales, como el estrés.

Se trata de una patología que puede manifestarse en cualquier momento de la vida, es decir, la sensibilización a alimentos puede ocurrir tanto en el vientre materno, como durante la etapa de lactancia o incluso durante la tercera edad.

Los síntomas que pueden presentarse debidos a estas reacciones adversas son bastante variados y depende de cuál o cuáles sean los órganos afectados. Así, encontramos los siguientes síntomas:
- Cutáneos: inflamación de labios, boca, lengua, cara y/o garganta (angioedema), urticaria, erupciones o enrojecimiento, picazón (prurito), eccema.
- Digestivos: náuseas, vómitos, diarreas, hinchazón, dolor abdominal.  
- Oculares: picor, lagrimeo, enrojecimiento.  
- Respiratorios: rinitis, picor de nariz, sibilancias, estornudos, dificultad respiratoria.

La reacción más grave, y potencialmente mortal, es, sin duda, la anafilaxia. Consiste en una reacción severa, generalizada y de instauración muy rápida. Su tratamiento inmediato implica usar autoinyectores de adrenalina, cuyo manejo no requiere pericia sanitaria alguna.

Los alérgenos alimentarios son proteínas que forman parte de la composición nutricional de determinados alimentos, y son los responsables de provocar reacciones exageradas, por parte del sistema inmunológico, en aquellas personas que sufren esta enfermedad. Los alérgenos alimentarios principales son cacahuetes, frutos secos, soja, leche, huevo, frutas, cereales, mariscos, pescado y sésamo.

Los 14 alérgenos que deben aparecer en las cartas de los restaurante, www.todoalacarta.com

Hasta hace pocos años, y siempre tras realizar una minuciosa lectura de los ingredientes de los alimentos, no era tan inmediato descubrir la presencia de estos alérgenos. Sin embargo, esta labor casi detectivesca se vio bastante aliviada gracias a la entrada en vigor del R.E. 1169/2011, que obligaba a la declaración de catorce alérgenos previamente seleccionados por las autoridades sanitarias europeas. Este reglamento perseguía lograr un alto nivel de protección de la salud del consumidor y garantizar el derecho a la información, si bien, desde el punto de vista del colectivo alérgico, se considera insuficiente. Un dato relevante que avala esta tesis es que mientras en España el 33% de los alérgicos a alimentos lo son a frutas, siguen sin ser consideradas alérgenos de declaración obligatoria. Este mismo reglamento obliga a declarar, por escrito, la presencia de esos catorce alérgenos en las cartas de los restaurantes. En este sentido, en la declaración de la Academia Europea de Alergia e Inmunología Clínica (EAACI) se advierte que siete de cada diez reacciones graves ocurren cuando se come fuera de casa. Es por ello que, desde la Asociación Extremeña de Alérgicos a Alimentos (AEXAAL), llevamos años luchando, lamentablemente con escaso éxito, para que nuestras autoridades sanitarias de ámbito autonómico velen por el riguroso cumplimiento de este reglamento europeo.

Los problemas de los afectados por alergias alimentarias no acaban en los alimentos, ya que los alérgenos son ubicuos y, desgraciadamente, su declaración no es obligatoria en otros productos, tales como medicamentos, cosméticos y material escolar (para los dos últimos conviene recordar que se puede desencadenar una reacción incluso por contacto). A continuación, se detallan los riesgos que comportan estos tres grupos de productos para una persona alérgica.  

Los medicamentos están compuestos por un principio activo y excipientes. Además, pueden presentar impurezas de otras sustancias que se han originado durante sus procesos de síntesis. La legislación vigente sólo contempla para ellos la declaración de cinco de los catorce alérgenos obligatorios en alimentos, posiblemente debido a que sean los que con mayor probabilidad pueden encontrarse presentes. Respecto al principio activo no existe regulación alguna para aquellos en los que el alérgeno alimentario forma parte de su formulación, como ocurre, por ejemplo, en ciertos complejos que incluyen proteínas lácteas o derivados del huevo.

En cuanto a los cosméticos, son muchos los que incluyen alérgenos alimentarios en su composición. Por ello, en mayo de este mismo año hubo que lamentar el fallecimiento de una niña en California, tras usar una pasta de dientes que contenía proteínas lácteas.

En lo que a material escolar se refiere encontramos soja en ceras de colores y maquillaje infantil, leche en tizas y gluten en plastilina. En el año 2010, una publicación en la revista Allergy advertía que más de un 20% de las reacciones alérgicas debidas a alérgenos alimentarios suceden en horario escolar, y que pueden tener lugar tanto en el aula, como en el patio o en el comedor. Por esta razón, y dada la ubicuidad que presentan los alérgenos, la formación de las familias y los docentes es un asunto vital, ya que, sin ningún género de duda, contribuye a salvar vidas.

En Extremadura contamos, desde diciembre de 2016, con el Protocolo de Actuación ante Urgencias Sanitarias en los Centros Educativos de Extremadura, único de estas características en el territorio nacional. En dicho documento se recoge, entre otros aspectos, cómo actuar ante una reacción alérgica grave, así como la obligación del docente para inyectar adrenalina si fuese necesario ante una eventual reacción. A pesar de todos estos esfuerzos, aún queda un largo recorrido para lograr una completa e inclusiva integración de estos niños en la escuela, quienes, según la revista Pediatrics (2012), cuatro de cada diez han sufrido en alguna ocasión acoso escolar por padecer esta afección.

¿Y por qué un beso podría matar? Para responder a esta pregunta es necesario indicar previamente que ciertos alérgenos, especialmente cacahuetes y mariscos, pueden persistir en la saliva varias horas incluso a pesar de haberse cepillado los dientes. Así, las personas extremadamente sensibilizadas podrían ver comprometida su vida con el simple contacto bucal que supone besar.

Todas estas razones explican por qué miles de familias conviven con una incertidumbre constante, al tiempo que con la incomprensión de muchas de las personas que las rodean. De ahí la importancia de que la sociedad se informe y se solidarice con quienes sufren esta problemática. Está en nuestras manos contribuir a que los niños afectados no crezcan viviendo su alergia como un signo de anomalía y segregación, sino que la asuman con prudencia y naturalidad, como un aspecto más de la diversidad humana.

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