Ser y libertad

La autonomía del pensamiento es la libertad. Sin libertad sólo hay sometimiento a cualquier forma de poder. La libertad implica el pensamiento por uno mismo, no que cada uno tenga su propia opinión, eso es la tiranía de las opiniones. Tampoco la libertad es la renuncia a la sociedad, el aislamiento, sino el pilar sobre el que construir una sociedad de hombres libres.

“No creáis en nada simplemente porque lo diga la tradición, ni siquiera aunque muchas generaciones de personas nacidas en muchos lugares hayan creído en ello durante siglos.

No creáis en nada por el simple hecho de que muchos lo crean o finjan que lo creen.

No creáis en nada porque así lo hayan creído los sabios de otra época.

No creáis en lo que vuestra propia imaginación os propone cayendo en la trampa de que Dios os lo inspira,

No creáis en lo que dicen las sagradas escrituras, sólo porque ellos lo digan.

No creáis a los sacerdotes ni a ningún otro ser humano.

Creed únicamente en lo que vosotros mismos hayáis experimentado, verificado y aceptado después de someterlo al dictado del discernimiento y a la voz de la conciencia.” BUDA.

Esto es lo que dice verdaderamente un auténtico maestro. Nos invita a nuestra autonomía. A lo que llamaba Kant, nuestra mayoría de edad, a pensar por nosotros mismos, a ser, por medio del pensamiento, libres. Por eso se dice en el budismo zen: “Si en tu camino te encuentras con el Buda, mátalo.” Y, por eso, en el cristianismo, en los evangelios, se dice. “Os digo, habla Jesús, que yo he de irme para que pueda venir el espíritu.”

O, siguiendo la tradición occidental más antigua de pensamiento, la socrática: conócete a ti mismo. El conocimiento de uno mismo nos lleva al reconocimiento de nuestra ignorancia, que es el saber que no sabemos nada. El vacío de la consciencia. Y ese vacío de la consciencia no es meramente intelectual, que también, es un vacío de ideas, por supuesto, y de pensamientos, sino también de vivencias y sentimientos. Todo se ha puesto en duda, no queda nada; entonces es cuando podemos empezar a pensar por nosotros mismos. Cuando hayamos vaciado toda nuestra consciencia de pensamientos y sentimientos, que están entrelazados. Entonces creceremos autónomamente y seremos nuestros propios líderes y nuestros maestros. Pero no será nuestro pequeño yo, sino que es en la consciencia vacía donde anida el espacio del Espíritu, del Logos, del Tao,… allí es donde se haya la Presencia. Es lo innombrable, lo que no tiene forma, por tanto, no cabe en ningún concepto, no hay palabra que lo describa.

El conocimiento de uno mismo viene del discernimiento, que es el análisis pormenorizado hasta que se llega a la evidencia, la verificación de nuestra experiencia y experiencia, eso es la voz de la conciencia. Pero la voz de la conciencia sólo la podemos escuchar cuando esa conciencia ha sido vaciada de todo contenido. Cuando allí emerge la voz del Logos, o el Espíritu, que es Universal, no particular. No confundir nuestro discernimiento y nuestra consciencia con nuestro ego, éste desaparece en el conocimiento de uno mismo, ha sido vaciado y se va con el propio contenido. Entonces queda el vacío como condición de posibilidad de que aparezca el Logos, Espíritu o Tao.

Un artículo de Juan Pedro Viñuela

                                                    

Buscar artículo

Esta web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Al navegar o utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de las 'cookies'. Sin embargo, puedes cambiar la configuración de 'cookies' en cualquier momento.