El feminismo como ideología del poder del opresor. (Ver P.D.)

Un artículo de Juan Pedro Viñuela

El otro día tuve el gusto de asistir a una tertulia literaria en la que se hablaba sobre feminismo. Y no me quedó un buen sabor de boca. Independientemente de la gran iniciativa de estas tertulias y todo lo que sea educación, que es conducir, llevar por el buen camino, por el camino recto, por el de la virtud. Conducir hacia la luz, el conocimiento, fuera de la caverna platónica.

Pero esto precisamente es lo que vi. Que los discursos estaban en el nivel de las apariencias; es decir, sometidos al pensamiento establecido, a lo comúnmente aceptado. Las ideas no habían sido depuradas, ni, en realidad, se sabía de dónde venían. Desde luego que había un gran sentimiento de solidaridad, de paz y de igualdad. Pero las ideas, si las analizamos, traicionaban estos nobles sentimientos.

Todos los ismos son separaciones, feminismo, ecologismo, nacionalismo, por tanto, plantean, de entrada, un estado de guerra. En el caso del feminismo, como en el del nacionalismo, está muy claro. Y es lo que quiero mostrar aquí con el feminismo.

Parto de la premisa de que el feminismo de la igualdad, el primer feminismo, no hablo de lo que se está pensando ahora, porque además la mayoría de las personas se mueven en esa ideología, lo que ahora se piensa tardará en llegar abajo, al pueblo, es una ideología que favorece al sistema de producción capitalista. Es decir, un engaño y un estado de alienación en el que caemos todos y en que todos nos vemos como víctimas y, de esa manera, con nuestro miedo, pues somos perfectamente manejables.

Este feminismo de la igualdad, que las teóricas del feminismo ya no defienden, claro está, aunque han salido por ahí movimientos aún peores, pero, vamos, no vamos a hablar de eso, hace un flaco favor a las mujeres como seres humanos. Bien es verdad, que este feminismo partía de los ideales ilustrados y quería la igualdad de todos en dignidad, pero no fue así, desgraciadamente, como fue asumido por el sistema, sino como producto de explotación, ideología alienante. Qué le vamos a hacer. Así son los mecanismos del poder. Por eso lo que hace falta es más ilustración para no caer en errores y cambiar el mundo de verdad, lo cual requiere, previamente, un cambio en el interior de uno.

El feminismo ha obtenido grandes logros, sobre todo en el ámbito del derecho, instrumental, y laboral, aunque aun queda mucho por hacer, pero ha deshumanizado a la mujer, y no es que su posición anterior fuese deseable, ni mucho menos, antes estaba deshumanizada y vejada. Claro que ha aportado cosas interesantísimas en las que seguir profundizando. Pero, dónde está el mal. Por qué existe una sociedad machista. Rastreando la respuesta a estas preguntas es donde encontramos la solución hacia un feminismo de la diferencia, un ecofeminismo y un feminismo de la integración de hombres y mujeres y de ambos con la naturaleza sobrepasando el dogma del antropocentrismo para situarnos en el del biocentrismo.

El feminismo, como separación, ha traído más guerra, más enfrentamientos entre hombres y mujeres. Éstas últimas, buscando su identidad la han encontrado en la conquista de los derechos laborales. Pero resulta que los derechos laborales no le dan a la mujer su identidad, ni su dignidad. Porque el trabajo no es, en el mundo capitalista en el que vivimos, una forma de realización, sino una forma de explotación. Esto es. Hubo una incorporación de la mujer al mundo del trabajo, simplemente, desengañémonos, independientemente de las luchas muy dignas y loables de las mujeres en general y de unas cuantas en particular que consagraron y dieron su vida por la causa, porque al poder económico le interesaba. Esto está todo dentro de la llamada razón instrumental. Si la mujer trabaja, hay más poder adquisitivo, si hay más poder adquisitivo, crece la demanda y si crece la demanda, crece la producción, con lo cual el sistema crece. Y todo lo que sea crecimiento económico, para el vil sistema que mantenemos entre todos, porque todos lo mantenemos, aquí no se escapa nadie, sólo unos pocos que ven el gran engaño, aunque siguen participando de él, pues es crecimiento social y bienestar social y moral. Toma ya, la gran mentira. Se nos vende la libertad haciéndonos esclavos. Vamos, lo que señala el filósofo Han en su excelente obra: ‘Libertad y piscopoder”.

La razón instrumental convierte a la mujer en instrumento, en objeto de producción, no en un sujeto de dignidad, sino en mercancía. La igualdad, al ser meramente igualdad laboral y de derechos instrumentales, pues no es más que la igualdad en ser mercancía para alimentar al sistema. Ahora tenemos a la otra mitad de la población que es potencial mercancía para el sistema, además, como la desigualdad persiste, pues es mano de obra barata, como la del inmigrante, el que no tiene estudios, o los másteres pertinentes para el sistema…

Por otro lado, se sigue alimentando, desde el poder, obviamente, esta ideología, porque conviene. Que caigan las vendas de los ojos. Hay que salir de la caverna. La realidad es dura y desagradable. Aunque no inevitable, hay formas de trascender esta miseria. Y se alimenta con el discurso de la opresión a la que han sido sometidas las mujeres por parte de los hombres, con la ideología del machismo. Los hombres son fuertes y violentos, carecen de sensibilidad y entendimiento. Y esto plantea la guerra de los sexos y la imposibilidad de reconocerse en el otro. Da lugar a la escisión, la separación, la lucha, el odio. Ahora, la mujer se sitúa en una posición de víctima y, el hombre, curiosamente, también.

P.D. En principio este artículo se llamaba ‘El feminismo desde la perspectiva transpersonal’, pero razones de espacio para el medio en el que se publica no me han permitido exponer el tema, me he quedado, prácticamente, en los prolegómenos. Así que me he visto obligado a cambiar incluso el título. Quedan dos cosas importantes que hacer en este artículo: ver los orígenes del feminismo desde la antropología, la filosofía y la sociología. Y plantear la salida transpersonal (eliminación del yo por el nosotros, la fraternidad ilustrada) como un camino de reconstrucción de un nivel mayor de consciencia que elimine las diferencias, la lucha y establezca la armonía de lo diferente.

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