El colesterol como problema de salud. Conocimientos básicos


El colesterol es una grasa que forma parte de nuestro cuerpo, en el que cumple múltiples funciones. Llega a la sangre tras la digestión de los alimentos y se transporta unido a unas proteínas, formando unas moléculas llamadas lipoproteínas. Hay dos tipos de lipoproteínas: las llamadas de alta densidad o HDL (en inglés Hight Density Lipoproteins) y la baja densidad o LDL (en inglés Low Denisty Lipoproteins). Las primeras son los que conocemos con “colesterol bueno” ya que tienen un colesterol que procede de limpiar los tejidos. Las segundas son el “colesterol malo”, ya es un colesterol que se va “soltando” sobre las arterias y dando lugar a las placas de arteriosclerosis. Estas placas de arteriosclerosis crecer continuamente y acaban por obstruir la circulación de la sangre (es lo que se llama trombosis).
A modo de ejemplo, podríamos considerar al colesterol como unos grandes botes de alquitrán transportados por una carretera (las arterias) y que viaja en dos tipos de camiones. Los camiones HDL (colesterol “bueno”) absorben alquitrán y lo llevan a una planta de destrucción. Los camiones LDL (colesterol “malo”) van soltando “pegotes” de alquitrán sobre la carretera.  La presencia de colesterol elevado en la sangre se llama hipercolesterolemia.


¿Por qué se elevan los niveles de colesterol en sangre?
Lo más frecuente es la existencia de un defecto genético que provoca una menor capacidad para destruir el colesterol. Esto, unido a unos hábitos que favorecen su elevación en la sangre, como la ingesta de alimentos ricos en colesterol, obesidad, poca práctica deportiva, sedentarismo, etc provocaran la aparición de la hipercolesterolemia.

¿Qué síntomas produce la hipercolesterolemia?

En algunas ocasiones las personas con hipercolesterolemia puede presentar unas lesiones en la piel por el depósito de colesterol que se denominan xantomas o xantelasmas y que suelen localizar en los párpados, manos, glúteos, etc, pero estas lesiones no aparecen siempre que hay hipercolesterolemia.  Lo habitual, es que las personas con hipercolesterolemia no tengan síntomas hasta que aparece un infarto de miocardio, una angina de pecho, un ictus (que son las enfermedades cardiovasculares). Esta falta de síntomas hace que para poder prevenir estas enfermedades sea necesario hacer controles con análisis periódicos. Se recomienda que se determinen los niveles de colesterol en sangre una vez antes de los 35 años en varones y de los 45 años en mujeres, y después, siempre que los resultados sean normales, cada 5 o 6 años.

¿Qué complicaciones tiene la hipercolesterolemia?

Los estudios demuestran que las personas con hipercolesterolemia presentan, pasado el tiempo, más enfermedades que afectan al corazón, al cerebro o al riego de las piernas (enfermedad vascular periférica) y que, cuando se consigue disminuir la cifras de colesterol, estas enfermedad aparecen más raramente. Por esto, se dice que el colesterol elevado es un factor de riesgo cardiovascular.
Hay que tener en cuenta que la enfermedad cardiovascular es la primera causa de muerte en nuestro medio y que, además del colesterol, existen otros factores de riesgo cardiovascular (diabetes, la obesidad, el consumo de tabaco, la hipertensión, el sedentarismo). Las personas llamadas de “alto riesgo” son aquellas con varios de estos factores de riesgo y son sobre ellas las que hay que hacer más esfuerzo para prevenir la enfermedad cardiovascular.


¿Puede curarse la hipercolesterolemia?

La hipercolesterolemia se debe tratar. La finalidad del tratamiento es que la persona mantenga sus niveles de colesterol lo más cerca posible del objetivo marcado por el médico. Esto quiere decir, que más que hablar de un nivel normal, hay que hablar de un nivel conveniente en cada persona en particular. Así, una persona con diabetes, fumadora y que ha tenido un infarto al corazón le conviene tener unos niveles de colesterol más bajo que una persona deportista y sin enfermedad. Dicho de otra manera, estas dos personas aunque tenga unos niveles de colesterol iguales, una recibirá tratamiento y la otra no. Una tiene un riesgo elevado y la otra no. 
En sus revisiones periódicas, el médico establecerá la necesidad de tratar o no su colesterol a la vista de su historial, sus análisis y el riesgo que se le calcule utilizando unas tablas especiales.

¿Qué se puede hacer para reducir el colesterol elevado en sangre?
En primer lugar llevar un estilo de vida saludable. Dentro de este estilo de vida es fundamental llevar una dieta equilibrada, sin exceso de calorías, que incluya todos los alimentos y evite el exceso de grasas, especialmente las de origen animal. Las grasas vegetales como el aceite de coco y el aceite de palma (presentes en los productos de bollería, precocinados y conservas) también deben ser evitadas, y sustituidas por un tipo de grasas que se denominan “monoinsaturadas”, cuyo principal representante es el aceite de oliva.

El control del peso y la realización de forma habitual de alguna actividad deportiva, por ejemplo, caminar a buen paso durante 30 minutos más de 3 días por semana, resulta beneficioso.

Cuando las medidas de cambio del estilo de vida no son suficientes para alcanzar el objetivo se recurre al tratamiento con fármacos que son capaces de reducir los niveles de colesterol en la sangre. Los más utilizados son las denominadas estatinas que se toman por boca en dosis única diaria. Actúan inhibiendo la formación de colesterol, especialmente del colesterol malo. Son medicamentos seguros, pero como todos los fármacos, también pueden producir efectos secundarios.

Una vez iniciado el tratamiento, probablemente sea de por vida, aunque algunos pacientes que cambian radicalmente su estilo de vida (comen menos, pierden peso, hacen ejercicio, etc) pueden llegar a no necesitarlo. En cualquier caso, no se debe abandonar el tratamiento, sobre todo el farmacológico, por cuenta propia, sólo por prescripción médica.

RECOMENDACIONES NUTRICIONALES PARA EL PACIENTE CON HIPERCOLESTEROLEMIA (de la Sociedad Española de Endocrinología y nutrición)

1. Deberá mantener siempre el peso adecuado, debiendo realizar una dieta hipocalórica si es obeso.
2. Su alimentación deberá ser siempre equilibrada, saludable y variada.
3. Para cocinar utilice siempre aceite de oliva.
4. Intente comer pocas carnes grasas (cerdo, vísceras, embutidos, etc.) y elimine toda aquella grasa visible.
5. Tome más pescados, especialmente los pescados azules (sardinas, boquerones, atún, salmón, caballa, etc) y no menos de 3 veces por semana.
6. Procure cocinar los alimentos cocidos, en microondas, asados o a la plancha y evite los empanados, rebozados, estofados, etc.
7. No coma más de tres yemas de huevo a la semana. Puede tomar las claras que quiera.
8. Todos los productos lácteos preferentemente desnatados.
9. Evite los alimentos con azúcar (caramelos, pasteles, helados cremosos, etc.
10. Limite lo más posible tomar alimentos precocinados como fritos de pescado, empanados de pollo, empanadillas, croquetas, pizzas, etc.
11. En principio no existe ningún tipo de limitación en esta dieta para tomar frutas, verduras, cereales, legumbres u hortalizas, salvo que por otro problema de salud (obesidad, hiperuricemia o diabetes mellitus) su médico se lo indique su médico.

Alimentos permitidos
- Leche desnatada y derivados
- Queso fresco o bajo en grasa.
- Pasta y arroz.
- Jamón serrano ibérico
- Verduras
- Legumbres secas
-Carnes magras: Ternera, buey, pollo, pavo, conejo.
- Clara de huevo
- Pescados blancos o azules.
- Aceite de oliva, girasol, soja o maíz.
- Frutas todas (se debe consumir un cítrico todos los días).
- Pan blanco, integral, cereales.


Alimentos a evitar
- Lácteos enteros y derivados.
- Quesos duros o muy grasos.
- Nata y mantequilla.
- Pastas con huevo.
- Embutidos, fiambres y tocino.
- Caza.
- Carnes rojas, cerdo, vísceras, pato, patés.
- Pescados grasos.
- Foie-gras.
- Frutos secos
- Cacao y derivados.
- Mayonesa.
- Repostería, bollería y aperitivos.

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