Contemplar nuestra mente es la fuente de la libertad y la compasión

“Su mente es la humanidad, si lo percibe, sentirá una inmensa compasión.” Krishnamurti.

 


No se trata de poner la voluntad de cambiar el mundo con un esfuerzo político y social, mientras el hombre sea el mismo, todo se hará en vano. No es cuestión ni de revolución política, ni de rebelión. Al menos, no es por donde hay que empezar, sino que es cuestión de cambiar uno mismo, pero no por obediencia a una autoridad, ni a un programa social, ni a una religión, ni ideología, sino por uno mismo.

Sólo podemos aprender de nosotros mismos y lo que aprendemos de nosotros lo aprendemos de la humanidad. Porque, cada uno de nosotros, somos el reflejo de la humanidad. Somos espejos, pero no nos miramos a nosotros mismos, sino que miramos al otro y lo juzgamos. Por eso estamos llenos de envidia, de ambición, de egoísmo, de avaricia,… Y no nos entendemos. Porque lo que vemos en el otro es lo que somos, pero, como lo juzgamos, creemos que el que odia, envidia,…es el otro y no nosotros. Por eso, todo programa de revolución social y política, mientras no tenga en cuenta al hombre, es un fracaso. Bueno, mejor, ningún programa político debe intentar cambiar al hombre porque eso, como hemos visto a lo largo de la historia, es un totalitarismo, una pérdida de la libertad. Y de lo que se trata, precisamente, es de lo contrario, de conquistar nuestra libertad.

Si nos atrevemos a mirar dentro de nosotros, si contemplamos como un observador imparcial nuestros pensamientos y emociones, como si fuesen una película, entonces veremos en el hueco que dejan a la humanidad y nos veremos formando parte de esa humanidad. Y, por su puesto, sentiremos una inmensa compasión por la humanidad. Porque veremos todos los vicios que nos construyen. Y, no nos veremos libres de esos vicios hasta que no rompamos las cadenas que nos unen a ellos. Esos vicios son nuestros condicionantes y están compuestos por nuestro sistema de pensamientos y de creencias que han sido heredados. Son estos pensamientos, creencias y emociones, los que condicionan nuestra mente y los que nos hacen actuar como lo hacemos. Y, encima, pensando que lo hacemos libremente. No, obedecemos a todo un sistema de ideas y creencias heredadas. Nosotros asumimos todo ese conjunto de pensamientos y sentimos lo que ellos implican. Por eso somos esclavos. Porque esas emociones son producidas por un montón de falsas creencias que nos esclavizan, que nos hacen sentir mal y actuar de determinada manera: llenos de rencor, de envidia, de odio, de ira, enfado, codicia… Pues en esto consiste el cambio, en pararse a contemplar lo que pasa en nuestra mente, cómo funciona nuestra mente. Y esto es meditar, no sentarse a pronunciar OM, o cualquier otro mantra al uso. Meditar es pararse a contemplar el funcionamiento de nuestra mente. Y esto es ya una toma de conciencia. Y tomar conciencia es conocerse. Y, el cambio, como ya dijera Sócrates, procede por el conocimiento de uno mismo. Ése es el mandato délfico, conócete a ti mismo. Y si conocemos todo aquello que nos determina estaremos en disposición de soltarnos de ello, de hacernos libres, de conquistar nuestra libertad. Y una sociedad cambia si los individuos son libres. Pero no son libres, por mucho que se hable de democracia. Lo que hemos hecho históricamente ha sido poner el carro antes que los caballos. Hemos construido las instituciones que garanticen la democracia, pero, nosotros, no nos hemos hecho libres, por eso las democracias no funcionan, por eso las democracias no son tales, sino formas encubiertas de totalitarismos, tanto internamente, como externamente. Porque, externamente viven a costa de la pobreza y el espolio de los otros. De los débiles, de aquellos a los que les cerramos nuestras fronteras. Pero, si miramos en nuestro interior, no existen fronteras, No existen diferencias entre los hombres. Lo que existen son naciones, religiones, poder económico,… un producto humano, una invención; pero todos somos iguales en el sentido de que todos estamos determinados por un conjunto de pensamientos que nos mantienen esclavizados a una forma social: somos de tal nacionalidad, de tal religión, de tal país, de tal ideología política… Todo son determinaciones, son formas de esclavitud. Por eso, parémonos un instante a contemplar nuestra mente y veamos qué somos. Inmediatamente sentiremos una tremenda compasión por nosotros (no es lo mismo compasión que lástima, ésta última es una degeneración de la ética cristiana para dominar a los débiles, como siempre), pero, como nos veremos reflejados en tanto que uno más, sentiremos, así mismo, una gran compasión por la humanidad. Y esta compasión es la fuente del amor incondicional. Y es esta mirada es la que hará posible un cambio de conciencia, si es que es posible. Y ese cambio de conciencia es el único que puede dar lugar a una nueva sociedad. De lo contrario estamos abocados al fin de la civilización, sólo es necesario echar un vistazo a nuestro alrededor, por cierto, mejor no, porque no adelantamos nada, sólo aumentamos nuestro odio, nuestra ira, nuestro dolor. Y, además, de forma equivocada, porque nos enfadamos con los políticos, los gobernantes, los diferentes poderes, pero no nos damos cuenta que nosotros somos iguales y que no hacemos lo que ellos hacen porque no estamos en su lugar, pero sí lo hacemos en nuestro pequeño ámbito. Además de que consentimos el mal. De modo que lo único que nos queda es contemplar el funcionamiento de nuestra mente y empezar por no juzgar a nadie y así sentiremos compasión y autocompasión y comenzaremos a no juzgar, aunque sea guardando silencio y alejándose del mundanal ruido porque los demás siguen juzgando…es preciso que iniciemos ese cambio, sin el soporte de esta nueva conciencia no habrá una sociedad justa. No hay revolución ni rebelión que cambie al hombre. El hombre sólo puede cambiar individualmente, por sí mismo, sin maestros, ni gurús, ni ideólogos, ni religiosos, ni filósofos. Sólo hay que pararse y observar nuestra mente, entonces comenzará el desapego y la compasión. El hombre cambia por sí mismo y su propia voluntad. Éste es el germen de la nueva sociedad. Y ésta es mi apuesta que está en la línea sapiencial. En la línea de Sócrates, los estoicos, Epicuro, Diógenes, Espinoza…y los orientales, Buda, Lao Tse, Jesús de Nazaret…

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